En Madrid, en la zona de Moncloa-Chamberí, no iba a ser una noche cualquiera, ya que la sala Mon estaba preparada para recibir a tres grandes del metal extremo en la gira "Freedom Or Death Tour 2026", a cada cual mejor, donde tocarían Kataklysm, Vader y Blood Red Throne.
Hablar de la gira europea de 2026 de Blood Red Throne
es hablar de una banda que, lejos de acomodarse en su legado, decidió reafirmar
su lugar en la élite del death metal contemporáneo con una descarga concisa,
técnica y devastadora.
Con más de dos décadas de trayectoria, el grupo noruego
volvió a los escenarios con un repertorio que combinó músculo clásico y
material reciente, dejando claro que su brutalidad no es nostalgia, sino
evolución constante.
Formados en Kristiansand a finales de los noventa, Blood
Red Throne nació de la inquietud musical de Daniel “Død” Olaisen (guitarra) y
Tchort (bajo, en sus primeras etapas), con la intención de crear un death metal
feroz, técnico y sin concesiones. En 2026, la alineación muestra a una banda
madura y cohesionada: Død continúa siendo el arquitecto principal del sonido,
con riffs afilados y una ejecución quirúrgica, conocido por haber pertenecido a
Satyricon; el vocalista actual aporta una presencia dominante, con guturales
profundos y perfectamente proyectados; la sección rítmica —bajo y batería—
funciona como una maquinaria de precisión, sosteniendo cambios de tempo
vertiginosos y pasajes de blast beats con una solidez impresionante.
La gira de 2026 se apoyó con fuerza en su álbum más
reciente, Siltskin, pero también miró hacia atrás
para recuperar momentos clave de su discografía. El set, aunque compacto,
estuvo milimétricamente diseñado para no dar respiro.
El arranque con “Unleashing Hell” fue una declaración
inmediata de intenciones. Desde los primeros segundos, la canción despliega un
patrón de batería basado en blast beats sostenidos a alta velocidad, con
alternancia de dobles bombos que marcan una base implacable. El riff principal,
construido sobre palm-mutes cerrados y progresiones descendentes en afinación
grave, genera una atmósfera asfixiante.
En directo, el tema funciona como detonador: la banda
entra sincronizada, y la respuesta del público es inmediata. La estructura
relativamente lineal del corte permite que la energía no decaiga en ningún
momento, convirtiéndolo en un opener ideal.
Con “Beneath The Means”, extraída de “Siltskin”, el grupo muestra su faceta más
refinada sin sacrificar brutalidad. Aquí se percibe una producción moderna
trasladada al directo con sorprendente fidelidad: guitarras con mayor
definición armónica, cambios de dinámica más marcados y una batería que alterna
entre secciones de velocidad extrema y grooves más pesados. Técnicamente, la
canción destaca por sus transiciones internas, donde la banda modula intensidad
mediante cortes abruptos y reentradas explosivas. En vivo, esos silencios
breves antes de la embestida generan una tensión que se traduce en mosh pits
inmediatos.
“Every Silent Plea”, perteneciente al álbum “Nonagon”, introduce un componente más
atmosférico dentro del repertorio. Sin abandonar el death metal técnico, el
tema incorpora variaciones rítmicas más complejas y un trabajo de guitarras que
juega con armonizaciones disonantes. La batería alterna compases veloces con
secciones más pesadas, casi arrastradas, creando un contraste emocional
interesante. En el escenario, el vocalista se adueña del espacio durante este
corte, enfatizando cada frase con una interpretación visceral que conecta
directamente con el público.
Uno de los momentos más celebrados llega con “Itika”, del
álbum Imperial Congregation. Este tema combina
agresividad con un groove casi marcial en su riff central. La construcción
rítmica se apoya en patrones sincopados que permiten a la sección de bajo y
batería lucirse con precisión matemática. En directo, “Itika” se convierte en
una pieza de equilibrio: no es la más veloz del set, pero sí una de las más
contundentes, con un peso específico que se siente físicamente en la sala.
“Vermicular Heritage”, también de “Siltskin”, confirma la evolución compositiva de
la banda. Aquí se aprecia una estructura más elaborada, con cambios de
tonalidad y un uso inteligente de pausas estratégicas antes de cada explosión
sonora. El riff principal, técnico y serpenteante, se convierte en uno de los
más coreados por los asistentes habituales. En el escenario, Død demuestra por
qué sigue siendo el núcleo creativo del grupo: precisión en cada fraseo, solos
breves pero incisivos y una compenetración absoluta con el resto de la
formación.
El cierre con “Smite”, del clásico “Altered Genesis”, actúa como puente entre el
pasado y el presente. Este tema representa la etapa más cruda y directa de
Blood Red Throne: estructuras más tradicionales dentro del death metal,
velocidad constante y agresión frontal. En directo, la canción adquiere una nueva
dimensión gracias a la experiencia acumulada de la banda. La ejecución es más
sólida, más compacta, pero conserva esa esencia salvaje que marcó sus primeros
años.
Más allá del repertorio, lo que distingue a Blood Red
Throne en esta gira de 2026 es la cohesión escénica. No se trata solo de tocar
rápido y fuerte; hay una clara intención de construir un flujo narrativo dentro
del concierto. Cada canción está colocada estratégicamente para alternar
intensidad y groove, técnica y brutalidad pura. La iluminación, sobria pero
efectiva, refuerza la atmósfera oscura sin distraer de lo esencial: la música.
En definitiva, la gira de 2026 demuestra que Blood Red
Throne no es simplemente una banda veterana defendiendo su legado. Es un grupo
que ha sabido evolucionar técnicamente, pulir su sonido y mantener intacta la
agresividad que los definió desde el inicio. Con un setlist que combina piezas
recientes como “Beneath The Means” y “Vermicular Heritage” con clásicos como
“Smite”, la banda ofrece una experiencia completa que satisface tanto al fan de
la vieja escuela como al seguidor más reciente. Si algo deja claro esta etapa
en vivo es que la brutalidad, cuando está respaldada por técnica, experiencia y
convicción, no envejece: se perfecciona. Blood Red Throne, en 2026, suena más
afilado que nunca y a destacar aún más la conexión con el público en todo
momento.
Pasada la primera actuación le llegaba el turno a Vader,
que vuelve a demostrar por qué es una de las instituciones más sólidas y
respetadas del death metal europeo. Fundada en 1983 en Olsztyn, Polonia, la
banda liderada por el incombustible Piotr “Peter” Wiwczarek atraviesa su quinta
década de actividad con una contundencia que muchas formaciones jóvenes apenas
logran rozar. La gira de este año no es un ejercicio de nostalgia, sino una
reafirmación de poder: precisión quirúrgica, violencia controlada y una puesta
en escena que convierte cada concierto en un auténtico ritual de devastación
sonora.
La formación actual refleja equilibrio entre veteranía y
energía renovada. Piotr “Peter” Wiwczarek, fundador, vocalista y guitarrista
principal, continúa siendo el núcleo creativo y la identidad sonora del grupo.
Su voz gutural, áspera y dominante, mantiene intacta esa mezcla de agresión y
claridad que caracteriza el estilo de Vader desde los años noventa. En la
guitarra rítmica, Marek “Spider” Pająk aporta una solidez imprescindible; su
ejecución compacta sostiene los riffs con una contundencia que permite a Peter
desplegar solos afilados y melodías sombrías sin perder peso estructural. En el
bajo, Tomasz “Hal” Halicki refuerza la arquitectura sonora con líneas graves
definidas, especialmente perceptibles en los pasajes más densos. Tras la
batería, Michał Andrzejczyk imprime velocidad y precisión milimétrica: sus
blast beats son consistentes, limpios y demoledores, sosteniendo tempos
extremos sin sacrificar claridad.
El concierto arranca sin preámbulos con “Sothis”, una
pieza breve pero fulminante que funciona como detonador inmediato. Su
estructura es directa: riff principal cortante, batería acelerada y una
ejecución que prioriza impacto sobre ornamentación. En vivo, la canción actúa
como un disparo inicial que coloca al público en estado de alerta máxima. Sin
transición relajada, enlazan con “Fractal Light”, donde el trabajo rítmico
adquiere mayor protagonismo. Aquí se perciben cambios de tempo estratégicos y
un juego entre palm mute y ataques abiertos que generan tensión dinámica. Es un
ejemplo de cómo Vader combina velocidad con estructura inteligentemente
diseñada.“Wings” eleva el pulso colectivo.
Con uno de los riffs más memorables de su repertorio
moderno, la canción demuestra la capacidad de la banda para integrar gancho
melódico dentro de una base extrema. La batería marca un patrón veloz pero
controlado, mientras las guitarras crean un muro de sonido compacto. En
directo, este tema adquiere una dimensión casi hipnótica: el público responde
con sincronía, atrapado por la repetición insistente del motivo principal.
La parte central del show introduce “Reign Forever
World”, una composición que equilibra agresividad y épica. Su estructura
escalonada permite generar crescendos que desembocan en secciones de máxima
intensidad. La ejecución en 2026 se siente especialmente afilada, con una
sincronización impecable entre bajo y batería. “The Book” aporta un contraste
relativo: más extensa y con variaciones internas más marcadas, exhibe la faceta
más técnica del grupo. Aquí destacan los cambios de dinámica y los matices en
la guitarra solista, que dibuja frases sombrías sobre una base rítmica firme. “Cold
Demons” devuelve la descarga frontal. Es una pieza corta, rápida y diseñada
para el impacto inmediato.
La batería dispara ráfagas constantes mientras los riffs
mantienen una linealidad agresiva que no concede respiro. “This Is the War”
introduce una atmósfera marcial, con un enfoque rítmico que remite a cadencias
bélicas. En vivo, el tema se percibe compacto y directo, reforzado por la
potencia vocal de Peter, que articula cada frase con autoridad.
En la recta final, “Lead Us!” emerge como un grito colectivo. Su groove ligeramente más marcado permite una interacción intensa con el público sin perder agresividad.
A continuación, “Triumph of Death”
desata uno de los momentos más celebrados de la noche: riffs descendentes,
batería demoledora y un equilibrio perfecto entre técnica y brutalidad. “Dark
Age” conecta con las raíces más crudas del grupo; su velocidad y agresividad
remiten a los primeros años del death metal europeo, recordando que la esencia
de Vader sigue intacta. “Carnal” funciona como una explosión sostenida, con una
energía acumulativa que empuja al límite físico tanto a la banda como a la
audiencia.
Más allá del repertorio, lo que define esta gira es la
sensación de vigencia. No se trata de una banda que vive del pasado, sino de un
colectivo que honra su legado mientras mantiene una ejecución feroz y
contemporánea. En 2026, Vader no actúa como reliquia histórica del death metal,
sino como entidad viva y dominante. Cada concierto es una confirmación de que
la brutalidad puede convivir con la técnica, y que la disciplina musical puede
amplificar —y no diluir— la violencia expresiva del género. Para quienes
asisten a estos shows, la experiencia no es simplemente auditiva: es física,
intensa y profundamente asombrosa. Donde continuamente se preocupan por su público
y es ahí donde lo demuestran tanto musicalmente como las muestras de
agradecimiento, y hacen que participen en todo momento con la banda.
Y como cabeza de cartel y para cerrar la noche, tenemos a
Kataklysm. La noche en la Sala Mon prometía intensidad desde mucho antes
de que se apagasen las luces. A medida que la sala se iba llenando, el ambiente
se cargaba de esa mezcla de expectación y electricidad que suele acompañar a
los grandes conciertos de metal extremo. Cuando finalmente el escenario quedó a
oscuras y comenzó a sonar la intro, el rugido del público confirmó que el
regreso de Kataklysm a Madrid no iba a ser una noche cualquiera.
La banda canadiense apareció entre luces rojas y humo
para arrancar con “Soul Destroyer”, una apertura tan contundente como
inmediata. Desde el primer riff quedó claro que el sonido de la banda estaba
perfectamente ajustado para la sala: potente, definido y demoledor. En el
centro del escenario, el vocalista Maurizio Iacono dominaba la escena con su
presencia habitual, alternando growls devastadores con constantes gestos hacia
el público para mantener la energía al máximo. Sin apenas pausa enlazaron con
“Thy Serpents Tongue”, un tema que permitió apreciar el trabajo de guitarras
del veterano Jean‑François Dagenais. Además de ser uno de los pilares creativos
del grupo, Dagenais se mostró sólido y preciso durante toda la actuación,
manejando riffs pesados y solos afilados mientras se movía con seguridad por el
escenario.
El tercer golpe llegó con “Goliath”, uno de los momentos
en los que el público empezó a entrar definitivamente en ebullición. El centro
de la pista se convirtió en un torbellino de empujones y headbanging mientras
las luces acompañaban cada golpe de batería. Desde su kit, James demostró por
qué se ha convertido en una pieza clave en la maquinaria rítmica del grupo:
rápido, preciso y con una pegada implacable.
Con “Die as a King” la banda elevó aún más el tono épico
del concierto. Iacono no dejó de interactuar con los fans, pidiendo que
levantaran los puños y corearan el estribillo. La respuesta fue inmediata: la
sala entera respondió con un coro masivo que retumbó entre las paredes. El set
continuó con “Prevail”, donde el bajo de Stéphane Barbe aportó un peso extra al
sonido general. Barbe, muy activo sobre el escenario, no dejó de recorrer su
lado de la tarima animando al público mientras sostenía la base rítmica con una
solidez constante.
Uno de los momentos más intensos de la primera mitad
llegó con “Taking the World by Storm”. El tema convirtió la pista en un
auténtico campo de batalla metálico, con varios círculos de pogo formándose
espontáneamente mientras la banda descargaba toda su potencia.
La oscuridad sonora de “The Rabbit Hole” aportó un
contraste interesante dentro del repertorio. Con una iluminación más fría y
atmosférica, la banda mostró su faceta más densa y pesada, construyendo una
atmósfera opresiva que funcionó especialmente bien en directo. La intensidad
volvió a dispararse con “The Resurrected”, seguida por uno de los clásicos
imprescindibles del grupo: “In Shadows & Dust”. En ese momento el concierto
alcanzó uno de sus picos emocionales. Muchos de los asistentes corearon cada
palabra, demostrando el peso histórico que ese álbum sigue teniendo dentro de
la escena.
La segunda mitad del concierto mantuvo el nivel con “As I
Slither”, cuyo riff inicial provocó otra explosión colectiva en la sala. La
banda sonaba compacta y segura, funcionando como una auténtica máquina
perfectamente engranada.
Con “Bringer of Vengeance” y “Crippled & Broken”,
Kataklysm reforzó su faceta más agresiva. La batería de Beaudoin marcaba el
ritmo frenético mientras Dagenais y Barbe construían un muro sonoro sólido y
contundente. El tramo final comenzó con “At the Edge of the World”, un tema que
introdujo un momento más épico dentro de la tormenta sonora de la noche. La
iluminación y la intensidad del público generaron una atmósfera casi
ceremonial.
La agresividad regresó con “Narcissist”, donde el groove
del riff principal volvió a encender el movimiento en la pista. El público
respondió con una energía inagotable, demostrando que la banda mantiene intacta
su conexión con los fans madrileños. Uno de los momentos más coreados llegó con
“The Black Sheep”, donde Iacono cedió el micrófono al público durante parte del
estribillo, provocando uno de los momentos más participativos de la noche.
Finalmente, el concierto se cerró con “Elevate”, un final
explosivo que dejó claro por qué Kataklysm sigue siendo una de las formaciones
más sólidas del death metal contemporáneo. Tras el último golpe de batería, la
banda se despidió entre aplausos ensordecedores y un público visiblemente
satisfecho.
El paso de Kataklysm por la Sala Mon dejó una conclusión
clara: más de tres décadas después de su formación, el grupo canadiense sigue
funcionando como una maquinaria perfectamente afinada. Potencia, experiencia y
una conexión directa con el público que convirtió la noche en una auténtica
celebración del metal extremo.
Crónica y fotos:
















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