Medina Azahara en Santander fue una despedida con aroma eterno al rock andaluz, que perdurará en el recuerdo de todos aquellos que pudieron acudir al Escenario Santander, en una noche con una sala totalmente llena.
Hay
conciertos que se recuerdan por su intensidad y otros que quedan grabados en la
memoria por lo que representan. El paso de Medina Azahara por Santander en su
gira de despedida “Todo tiene su fin” en 2026 pertenece sin duda a la segunda
categoría. No fue solo una noche de música; fue una celebración de más de
cuatro décadas de historia, un homenaje a una banda que ha sabido mantener vivo
el espíritu del rock andaluz generación tras generación.
La
sala se llenó de un público heterogéneo: seguidores que crecieron con sus
discos en los años ochenta, amantes del rock nacional y también jóvenes que han
descubierto recientemente la mezcla de guitarras eléctricas, melodías árabes y
sensibilidad andaluza que define al grupo cordobés. Antes de adentrarnos en la
crónica del concierto, es inevitable mirar atrás para entender la dimensión de
lo vivido.
Fundados
en Córdoba en 1979, Medina Azahara nacieron en una escena musical marcada por
el legado del rock progresivo andaluz. Bandas como Triana habían abierto el
camino fusionando rock, flamenco y raíces árabes, y Medina Azahara recogió ese
testigo para llevarlo a nuevas generaciones.
Con
el paso de los años, el grupo fue evolucionando hacia un sonido más cercano al
hard rock melódico, sin perder nunca ese aroma oriental y emocional que siempre
ha caracterizado sus composiciones.
La voz inconfundible de Manuel Martínez, la guitarra virtuosa de Paco Ventura y una discografía llena de himnos convirtieron a la banda en una referencia imprescindible del rock español. Canciones se transformaron en clásicos que forman parte del imaginario musical del país.
Por
eso la gira de despedida tenía un significado especial: era el último capítulo
de una historia que empezó hace más de cuarenta años. Y si ya se intuía que
podía y que iba a ser una noche muy especial, lo fue aún más, cuando por una
lesión de cadera, Manuel Martínez, lógicamente ayudado en todo momento, siguió
adelante con la gira, y no lógicamente no dejó de pasar por Santander, y así
sentado en un trono, con una mesita al lado con bebida y una pequeña luz, hizo
aún más que emotivo el inicio y lo que se esperaba esa noche. Y por supuesto el
saber estar a pesar de las circunstancias, y seguir adelante con la gira.
Totalmente agradecidos.
Una
noche de emoción desde el primer acorde, que comenzó con “Paseando por la
mezquita”, una de las piezas más emblemáticas del grupo. Desde los primeros
acordes se produjo una conexión inmediata con el público. La guitarra de Paco
Ventura dibujaba melodías de inspiración árabe mientras el teclado recreaba ese
ambiente evocador que transporta directamente a la Córdoba histórica. El
público la cantó con entusiasmo, como si fuera una declaración de identidad
colectiva. Tras ese inicio cargado de simbolismo llegó “Algo nuevo”, que elevó
la intensidad del concierto con un sonido más directo y contundente. Las
guitarras ganaron protagonismo y la banda mostró su vertiente más rockera.
Con
“Palabras de libertad” apareció uno de los momentos más emocionales de la
noche. La interpretación de Manuel Martínez fue especialmente sentida,
subrayando el carácter reivindicativo de la canción, y donde cada vez los
asistentes coreaban a viva voz cada canción. El concierto continuó con “Junto a
Lucía”, una canción que siempre funciona en directo por su carga sentimental.
Las voces del público acompañaron cada verso.
Con “Sólo un camino” la banda regresó al terreno del rock clásico. La base rítmica se mostró sólida y Ventura volvió a brillar con un solo cargado de intensidad. Uno de los momentos más especiales llegó con “Danza al viento”, donde la mezcla de guitarras y teclados creó un ambiente casi místico, y donde pidió que salieran a disfrutar en el mismo escenario, a quien quisiera salir, ese momento especial junto a la banda, y así fue como algunas mujeres se subieron al escenario a disfrutar y compartir ese momento. Fue una de esas interpretaciones que recordaban por qué el rock andaluz sigue teniendo una personalidad tan única. La narrativa musical continuó con “Al Hakim… otro lugar”, una pieza que conecta con el imaginario histórico y oriental que siempre ha acompañado al grupo.
Después llegó “El soldado”, interpretada con gran fuerza emocional. La canción fue recibida con una ovación prolongada.
Si
hay una canción que define a Medina Azahara es “Córdoba”. Cuando comenzó a
sonar, la sala se convirtió en un coro colectivo. La interpretación fue
majestuosa. Las luces recreaban un ambiente casi ceremonial mientras la voz de
Manuel Martínez transmitía orgullo y nostalgia a partes iguales.
“Solo
y sin ti”, fue un momento totalmente nostálgico y lleno de magia, una canción y
el modo de interpretarla que salió del alma, donde a través de la pantalla, se
pudieron observar imágenes del hijo fallecido de Manuel Martínez, durante el
transcurso de la canción y los teléfonos al viento con las luces encendidas, y
un escenario de luz tenue, hicieron un momento realmente emotivo, y aún más
para Manuel Martínez, dedicando todo ese momento a su hijo.
Interpretaron
“El lago” y “Tu frialdad”, dos clásicos de Triana, recordando el enorme legado
que dejó el grupo liderado por Jesús de la Rosa, donde tuvieron gran acogida
entre los asistentes. Otro momento muy celebrado fue “Al Padre Santo de Roma”,
un homenaje a Camarón de la Isla y la guitarra de Paco de Lucia, que demostró
la conexión natural entre el rock andaluz y el flamenco.
En
la parte final del concierto llegaron canciones como “Velocidad” y “Hay un
lugar”, interpretadas con una energía que desmentía cualquier idea de despedida
tranquila.
Pero
el momento culminante estaba reservado para “Necesito respirar”, probablemente
el mayor himno del grupo. Desde el primer acorde el público se levantó y cantó
cada palabra con emoción.
El
final se iba acercando y comenzó con “A toda esa gente”, un agradecimiento
directo a los seguidores que han acompañado a la banda durante tantos años.
Y
finalmente llegó “Todo tiene su fin”, versión del clásico de Módulos. La
canción, que da nombre a la gira, funcionó como cierre perfecto.
Mientras
sonaba la introducción final de la banda, los músicos se acercaron al borde del
escenario para despedirse del público.
Los
aplausos se prolongaron durante varios minutos. No era solo el final de un concierto.
Era el cierre de una de las historias más importantes del rock español. Donde
demostraron porqué han estado en la cima durante tanto tiempo, y es el saber
estar, el estar cuando se sabe que tienes un público fiel a pesar de las
circunstancias, y donde la conexión en todo momento fue palpable, tanto con los
asistentes, como con los miembros más veteranos y los más jóvenes de Medina
Azahara … y tal y como dice su tour, “Todo tiene su fin”.
Pero
este fin será eterno para Medina Azahara.
Crónica
y fotos: Misfits Salenek









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