Los Restos del Ebano y Zalake, nos ofrecieron en la sala Chat Noir, lo que es la gran reivindicación del rock extremeño en una gran noche, con estas dos bandas.
Una con un grupo más reciente, como es Los Restos del Ébano, y cerrando con Zalake, donde vuelve a emerger en los escenarios y en la escena del rock Carlinos Masegosa (Ex-Bucefalo), con un nuevo proyecto y rodeado de grandes músicos y componentes de banda, bajo el nombre de Zalake.
Así en orden y con exactitud horaria, salieron a escena Los Restos del Ébano, una propuesta musical con un sonido rock clásico, pero con una contundente identidad propia; con origen en Villafranca de los Barros, se están haciendo un hueco poco a poco dentro del panorama musical, con una propuesta de guitarras contundentes, melodías directas y una energía que conecta directamente con el público, que iba llenando la sala poco a poco a lo largo de las dos actuaciones, para sentir el rock extremeño de primera mano.
Y es ahí
donde Los Restos del Ébano, nos ofrecieron un concierto con temas de singles ya
publicados, a espera de lanzar su disco, donde Álvaro Suite, en el apartado de
la producción, está teniendo un papel importante junto a esta banda. Y así poco
a poco, entre entrevistas, medios locales ... están haciéndose hueco poco a
poco, para ir adentrándose de lleno en un referente musical y grupo a tener en
cuenta en el rock nacional, con canciones equilibradas con potencia y
sensibilidad melódica, y una gran puesta en escena, que demostraron en este
concierto.
Donde
comenzaron con “Va a explotar ya”, Tema de tensión creciente, funciona como
apertura perfecta: guitarras que van in crescendo y una actitud que anticipa lo
que está por venir. Sin pausa, enlazan con “El duende”, donde aparece ese toque
más emocional, casi místico, que conecta con la tradición del rock español más
visceral.
Con “Si te digo la verdad”, el grupo baja ligeramente la intensidad para mostrar su lado más melódico. Aquí la voz gana protagonismo, reforzada por matices que dejan entrever influencias del rock clásico nacional. Esa mezcla entre crudeza y melodía es, precisamente, una de sus señas de identidad.
Continuando con “Los
Restos del Ébano” y ¡Y Paso! Uno de los platos fuertes de la noche, vino de la
mano de uno de los singles, donde dieron todo lo que pudieron y más, para
compartir ese momento con los allí presentes, y el conjunto fue un momento para
recordar de su actuación con el tema, “A Bailar”. a la que siguió el siguiente
tema del repertorio como es “¡La Complique!”, donde recuperan la electricidad y
ritmos del inicio del concierto, con unos riffs directos y ritmos contundentes.
Uno de los momentos más interesantes llega con “Algo está cambiando” y “Corre
con los pies descalzos”, aquí el grupo se adentra en terrenos más reflexivos,
con letras que apuntan a una evolución personal y musical. La interpretación,
más contenida, permite apreciar mejor los matices instrumentales.
El guiño
más desenfadado llega con “Hey!” y “Como si nada”, canciones que aportan
frescura al repertorio y muestran una faceta más ligera, sin abandonar la
esencia rockera. En directo, funcionan como válvula de escape antes de volver a
la intensidad.
La recta
final del concierto es especialmente sólida, “Poesía en días de resaca” se
convierte en uno de los puntos álgidos de la noche, una canción que resume bien
el espíritu del grupo, entre lo cotidiano y lo poético, entre la resaca
emocional y la lucidez.
El
cierre no podía ser otro que “Cada barra”, su primer single y carta de
presentación. Con riffs afilados y una voz cargada de personalidad, el tema
condensa todo lo que define a la banda: energía, identidad y respeto por el
legado del rock estatal. La respuesta del público confirma que estamos ante una
canción destinada a quedarse.
Como última canción, “Los días a veces” deja un sabor agridulce, más introspectivo, perfecto para despedir una noche intensa.
En definitiva, Los Restos del Ébano demuestran en directo que su propuesta va más allá de la nostalgia. Lo suyo es presente: un rock que mira al pasado para construir algo propio, con honestidad y sin concesiones.
El
segundo grupo en actuar es Zalake, liderado por el gran Carlinos Masegosa,
quien fuera componente de un referente del rock extremeño como es Bucéfalo.
En el
panorama actual de la música emergente, donde la identidad artística es clave
para destacar, el proyecto Zalake representa una evolución consciente y
estratégica dentro de una propuesta sonora en constante transformación. Lo que
hoy se conoce como Zalake tiene sus raíces en una etapa anterior bajo el nombre
de Bucéfalo, una identidad que marcó el inicio de un camino creativo, pero que
con el tiempo dio paso a una renovación más alineada con la visión artística
actual.
El
nombre Bucéfalo, cargado de simbolismo histórico y fuerza conceptual,
representaba una etapa más experimental y, en cierto modo, introspectiva del
proyecto. Durante ese periodo, la música exploraba territorios más crudos y
personales, con una búsqueda sonora que aún se encontraba en construcción. Sin
embargo, como ocurre en muchos procesos creativos, la evolución artística llevó
a replantear no solo el sonido, sino también la forma en que el proyecto se
presentaba al mundo.
Es en
este punto donde nace Zalake, no solo como un cambio de nombre, sino como un
auténtico renacimiento. La transición no responde a una simple estrategia
estética, sino a una necesidad de redefinir el concepto, hacerlo más accesible,
contemporáneo y conectado con las nuevas audiencias digitales. Zalake surge así
como una identidad más abierta, versátil y coherente con la dirección musical
que el proyecto ha ido consolidando.
Musicalmente,
Zalake se sitúa en un espacio híbrido donde convergen el pop alternativo, la
música urbana y matices electrónicos. Esta fusión permite construir un sonido
actual, fresco y adaptable, sin perder profundidad. Las producciones destacan
por su equilibrio entre lo comercial y lo emocional, logrando piezas que
funcionan tanto a nivel introspectivo como en contextos más amplios de consumo
musical.
Uno de los aspectos más relevantes de esta nueva etapa es la evolución en la narrativa lírica, Zalake apuesta por una comunicación más directa y cercana. Las letras abordan temas universales como el amor, las relaciones personales, la incertidumbre o el crecimiento individual, conectando de forma más inmediata con el oyente.
Este
cambio también refleja una mayor conciencia del entorno digital en el que se
mueve la música actual. Zalake se presenta como un proyecto pensado para el
presente, con una estrategia enfocada en plataformas de streaming y redes
sociales, donde la interacción con el público es parte fundamental del
desarrollo artístico. Esta cercanía permite no solo difundir la música, sino
también construir una comunidad en torno a ella.
En
términos de proyección, el paso de Bucéfalo a Zalake puede entenderse como una
decisión clave para el crecimiento del proyecto. No se trata de dejar atrás el
pasado, sino de integrarlo como base de una nueva etapa más definida, madura y
alineada con las tendencias contemporáneas. Este tipo de transformación es cada
vez más habitual en la escena musical, donde los artistas buscan reinventarse
para mantenerse relevantes sin perder autenticidad.
Así,
Zalake se posiciona como un ejemplo de evolución artística en la era digital:
un proyecto que ha sabido reinterpretarse, adaptarse y avanzar hacia una
identidad más clara y sólida. Con una propuesta sonora versátil y una narrativa
más directa, su camino apunta a seguir consolidándose dentro de la escena
emergente, conectando con una audiencia que valora tanto la innovación como la
honestidad musical.
El proyecto musical Zalake se articula en torno a una formación sólida que combina experiencia y renovación dentro de la escena del rock extremeño. La banda está liderada por Carlinos Masegosa, quien asume el rol de voz principal y motor creativo del proyecto.
Junto a
él, Zalake se completa con tres músicos que aportan frescura y energía a esta
nueva etapa. A la guitarra se encuentra Luis Rodríguez, encargado de construir
la base melódica y aportar matices contemporáneos al sonido del grupo. En el
bajo y coros participa Saúl Gentil, cuya presencia refuerza la estructura
rítmica y añade profundidad vocal en los arreglos. Finalmente, la batería corre
a cargo de Daniel Jericó, quien imprime dinamismo y contundencia a la propuesta
sonora de la banda, siendo este último el batería del concierto de Los Restos
del Ebano, asi que tuvo doble sesión.
Esta
formación refleja un equilibrio entre trayectoria y nueva generación. Por un
lado, Carlinos Masegosa aporta el legado directo de Bucéfalo, una banda
histórica del rock castúo; por otro, la incorporación de músicos más jóvenes
permite actualizar el sonido y adaptarlo a las dinámicas actuales del panorama
musical.
El resultado es un grupo cohesionado que funciona tanto desde la experiencia como desde la evolución, consolidando a Zalake como un gran referente del rock castúo, que Carlinos, lo lleva con un gran orgullo, en esta nueva formación, y con la gran experiencia musical que aporta cuando se sube al escenario.
Y así se demostró desde el inicio, con “Trashumantes”, el ambiente quedó completamente definido. No se trató de una apertura convencional, sino de una declaración de intenciones. La pieza introduce al público en un imaginario ligado a la tierra, el movimiento y la tradición rural, evocando la idea de la trashumancia como metáfora del propio viaje artístico del grupo. En el escenario, este inicio actúa como una puerta simbólica que prepara al público para un relato que no es solo musical, sino también con identidad. Tras esa introducción, el concierto entra en una fase más emocional con “Sentimientos”, donde Zalake baja a un terreno más íntimo.
La canción se convierte en un espacio de vulnerabilidad, con letras que exploran las emociones humanas sin artificios. En directo, esta pieza suele generar una conexión inmediata con el público, que se reconoce en la sinceridad de su mensaje. Es uno de los momentos donde la banda muestra su capacidad para equilibrar lo poético con lo cotidiano. Y donde el grupo con una gran puesta en escena estaba poniendo todo corazón extremeño en las canciones que nos estaban ofreciendo y las que quedaban aun por tocar.
El tono
cambia ligeramente con “Yo no digo ná”, un tema que destaca por su actitud
contenida y su carga implícita. Más que lo que se dice, importa lo que se
sugiere. En el contexto del concierto, funciona como una reflexión sobre el
silencio, la interpretación y las relaciones humanas, aportando dinamismo al
repertorio y demostrando la versatilidad del grupo para moverse entre registros
emocionales distintos.
Con “El
campo”, Zalake vuelve a sus raíces más profundas. La canción es un homenaje
directo al entorno rural, a la vida sencilla y a la conexión con la naturaleza.
En directo, este tema adquiere un carácter casi colectivo, como si el público
compartiera un mismo origen simbólico. Es una pieza clave para entender la
identidad del grupo, ya que refuerza su vínculo con la cultura del territorio
que les rodea.
La canción “Zalake”, que lleva el nombre del propio proyecto, actúa como núcleo central del concierto. No es solo un tema, sino una declaración de identidad artística. En él se condensan las ideas fundamentales de la banda: evolución, transformación y continuidad respecto a su etapa anterior como Bucéfalo. En directo, suele interpretarse como uno de los momentos más representativos del show, reforzando la conexión entre pasado y presente.
Con “El
gurriato”, el concierto adopta un tono más narrativo y costumbrista. La canción
juega con elementos de la tradición oral y el lenguaje popular, construyendo
pequeñas escenas que conectan con la memoria colectiva. Es un tema que aporta
cercanía y que suele generar complicidad con el público, especialmente en
entornos donde estas expresiones culturales son reconocibles.
La
intensidad crece con “Irascible”, una de las piezas más potentes del repertorio
en directo. Aquí Zalake muestra su cara más enérgica, con un sonido más
contundente y una interpretación cargada de carácter. La canción funciona como
un estallido emocional dentro del concierto, rompiendo la dinámica anterior y
elevando la energía del público.
En
“Juera d’aquí”, la banda introduce una dimensión más reivindicativa. El tema
transmite una sensación de desarraigo o rechazo hacia lo impuesto, con un
lenguaje directo y sin rodeos. En vivo, se convierte en una declaración de
actitud, donde la fuerza del mensaje se refuerza con la interpretación intensa
del grupo.
El
repertorio continúa con “Anca la golilla”, una pieza que aporta ligereza y
juego lingüístico. Aquí Zalake recupera expresiones populares y un tono más
desenfadado, demostrando que su propuesta no se limita a la introspección o la
crítica, sino que también tiene espacio para el humor y la identidad cultural
más cotidiana.
En la
misma línea, “Ave bicho” mantiene esa energía más libre y espontánea. Es una
canción que destaca por su dinamismo y su carácter festivo en directo,
generando una respuesta inmediata del público. Funciona como un punto de
conexión entre la tradición y la celebración, aportando frescura al conjunto
del concierto.
Uno de
los momentos más singulares llega con “El noviajo (dinguelá)”, una pieza
claramente pensada para el directo. Su ritmo, su tono festivo y su estructura
la convierten en uno de los puntos álgidos del espectáculo. En el concierto,
suele ser uno de los temas que más interacción genera, funcionando casi como un
cierre emocional anticipado. Canción que iba a ser la última de la noche y la
última del repertorio, pero ante la insistencia del publico allí presente, y
como en las grandes noches de conciertos, siempre puede haber tiempo para una
más.
Finalmente, el concierto se cierra con “Agradecido”, una gran versión de Rosendo, donde fue la locura de toda la sala, y donde todo el grupo y el público, se unieron a este himno, donde Carlinos, estaba totalmente desbordado de rock, quitándose la camisa, y acercándose al público, que lo hizo durante todo el concierto, para participar y ser uno más de los allí presentes, desde luego una gran experiencia y una grandísima puesta en escena, para cerrar este gran concierto con una canción que funciona como despedida y resumen emocional de todo el recorrido. En ella, Zalake sintetiza el espíritu del proyecto: memoria, evolución y gratitud. Es un final sereno, que contrasta con la energía previa y deja al público con una sensación de cierre completo, tanto musical como simbólico. Donde con temas nuevos, temas de Bucefalo y la canción de Rosendo, .... desde luego ha sido una noche reivindicativa de Rock Castúo con todas las letras.
En conjunto, el directo de Zalake no es solo una sucesión de canciones, sino un relato coherente sobre identidad, territorio y transformación artística. Cada tema cumple una función dentro de una narrativa mayor que convierte el concierto en una experiencia completa, donde música y discurso van de la mano. A lo que se hizo mágico y con un acierto donde se repartió panfletos con el logo de Zalake, titulado Misario Castúo, donde se podía leer letras de canciones, y en la contraportada una foto de Zalake, con el nombre de los componentes, desde luego un acierto, al igual que acierto y grande, fue la actuación de estos dos grupos en Chat Noir.
Crónica y fotos: Misfits Salenek
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