lunes, 15 de junio de 2026

Critica a XTASY · “Phoenix” (Burning Minds Group)

 

Phoenix es el cuarto disco de esta banda navarra, en donde en un panorama con el rock melódico y el hard rock de corte clásico atraviesan un renovado momento de popularidad, pocas formaciones españolas han logrado forjar una personalidad artística tan definida como Xtasy.

Originarios de Navarra y constituidos oficialmente en 2011, el grupo se ha consolidado con el tiempo como uno de los nombres imprescindibles del AOR y el melodic hard rock nacional, uniendo la esencia sonora de los años ochenta con un enfoque moderno, enérgico y de proyección internacional

Gracias a una trayectoria marcada por la autogestión, el esfuerzo constante y una clara devoción por el género, Xtasy ha conseguido hacerse un hueco dentro de la escena europea mediante una propuesta basada en melodías contundentes, riffs potentes, estribillos pegadizos y una voz femenina cargada de carácter. Su evolución ha sido gradual, aunque constante, reforzando lanzamiento tras lanzamiento su posición como una de las bandas españolas de mayor reconocimiento dentro del hard rock melódico actual. El origen de Xtasy se sitúa en un proyecto concebido inicialmente para el estudio por Silvia Idoate y Jorge Olloqui. Entre 2011 y 2013, ambos desarrollaron composiciones y sesiones de grabación en los estudios Rock 81 de Noáin (Pamplona), con la idea inicial de crear una propuesta musical enfocada en el rock melódico influenciado por las escenas escandinava y norteamericana, sin plantearse todavía la formación de una banda orientada al directo.

Una vez completadas aquellas primeras grabaciones, el proyecto evolucionó hacia una formación estable preparada para los escenarios. Desde ese momento, Xtasy definió con claridad su identidad sonora: un hard rock melódico inspirado por referentes clásicos como Europe, Journey, Whitesnake, Eclipse, Dokken ... entre otros, aunque reinterpretado con una producción actualizada y un sello propio que ha terminado convirtiéndose en una de sus principales señas de identidad. La trayectoria de Xtasy alcanzó una nueva dimensión gracias a su vínculo creativo con el productor y multiinstrumentista sueco Erik Mårtensson, figura clave del hard rock melódico europeo y rostro visible de Eclipse. Su intervención en diferentes producciones del grupo, ocupándose de procesos de mezcla y masterización, aportó una mayor profundidad técnica y un acabado sonoro con clara proyección internacional. En sus composiciones conviven estribillos de gran gancho, influencias evidentes de la escuela escandinava y una equilibrada fusión entre contundencia instrumental y sensibilidad melódica. A ello se suma la interpretación vocal de Silvia Idoate, cuya personalidad artística aporta intensidad, carácter y una notable expresividad emocional. Si bien el inglés ha sido la lengua predominante en buena parte de su repertorio, la banda también ha experimentado con canciones en castellano, una decisión que ha permitido estrechar aún más su relación con la audiencia española y ampliar su alcance dentro del panorama nacional.

Editado el 10 de abril de 2026 mediante los sellos Art Of Melody Music y Burning Minds Music Group, Phoenix supone el cuarto trabajo de estudio de Xtasy y una nueva muestra de madurez compositiva para la banda. El álbum evidencia cómo el grupo continúa evolucionando sin desprenderse de las influencias clásicas que marcaron sus inicios, adaptando su sonido a los estándares actuales del hard rock melódico europeo. Desde su propia denominación, Phoenix gira en torno al concepto de renovación y resurgimiento. Ese planteamiento conceptual se proyecta a lo largo de sus diez composiciones, dando forma a un disco donde la energía, la perseverancia y el impulso por reinventarse funcionan como hilo conductor de toda la obra. Dentro de Phoenix, el trabajo de estudio juega un papel determinante en la construcción del sonido del álbum. Para este nuevo lanzamiento, Xtasy optó por una producción compartida entre Carles Salse y los propios integrantes del grupo, una fórmula que permitió conservar una visión artística plenamente alineada con la esencia de la banda, sin dejar de lado unos niveles técnicos propios de las grandes producciones del género.

La elaboración del disco se llevó a cabo en dos enclaves habituales dentro del universo creativo de la formación. Parte del material tomó forma en Sureau Studio, ubicado en Matadepera, bajo la supervisión técnica de Carles Salse, mientras que otra fase importante del proceso se desarrolló en Studio Rock 81, en Noáin-Pamplona, con Jorge Olloqui dirigiendo las sesiones de registro. Completada la etapa de grabación, el siguiente paso condujo nuevamente el proyecto hasta Suecia para confiar el tratamiento final del sonido a una figura estrechamente ligada a la trayectoria del grupo: Erik Mårtensson. El músico, productor y líder de Eclipse asumió las tareas de mezcla y masterización desde Mass Destruction Studios, en Sollerön, donde trabajó sobre el álbum durante mayo de 2025. La colaboración entre Xtasy y el reconocido artista sueco continúa siendo uno de los vínculos creativos más sólidos en la evolución de la banda. Su aportación vuelve a reflejarse en una sonoridad precisa y poderosa, marcada por guitarras cristalinas, secciones rítmicas con gran pegada, amplitud en la mezcla y un tratamiento vocal especialmente detallado. Pese a la clara impronta que deja el productor escandinavo en distintos momentos del trabajo, “Phoenix” mantiene intacta la personalidad construida por Xtasy a lo largo de los años, logrando integrar influencias internacionales sin perder el carácter propio que define a la formación navarra.

El apartado visual de “Phoenix”, cuarta referencia discográfica de Xtasy, se convierte en una prolongación natural del mensaje creativo que articula el álbum. La formación navarra apuesta por una imagen de gran fuerza estética, repleta de carga simbólica y perfectamente alineada con los parámetros visuales del melodic hard rock contemporáneo, alejándose de planteamientos puramente nostálgicos o de un diseño excesivamente sencillo. La composición sitúa en primer plano a la figura del fénix, símbolo universalmente asociado a los ciclos de destrucción, renovación y resurgimiento.

La criatura aparece dominando la escena con una disposición abierta, imponente y majestuosa, convirtiéndose en el eje absoluto sobre el que gira toda la narrativa gráfica del diseño. Su representación proyecta sensación de poder, movimiento y afirmación. El tratamiento del color adquiere una importancia fundamental dentro del conjunto artístico. Una paleta dominada por reflejos dorados, destellos rojizos, matices anaranjados y luces amarillas construye una atmósfera ligada al calor, la combustión y la intensidad energética que tradicionalmente acompaña a la iconografía del ave legendaria. Al mismo tiempo, el diseño incorpora contrastes apoyados en tonalidades frías, efectos azulados y elementos de apariencia digital que aportan una lectura más moderna y tecnológica. Esta combinación visual guarda una relación directa con la propuesta musical de Xtasy. El grupo ha cimentado su sonido sobre influencias procedentes del hard rock clásico y del AOR de los años ochenta, aunque reinterpretadas mediante una producción actual con claras conexiones con la escuela escandinava.

La portada refleja visualmente esa misma filosofía: herencia tradicional y enfoque contemporáneo compartiendo espacio dentro de una única identidad estética. Especial relevancia adquiere también la estructura gráfica que rodea al ave central. Formas circulares, patrones geométricos, halos lumínicos y composiciones concéntricas generan una sensación de profundidad, energía dinámica y expansión continua. Estos recursos evocan imaginarios próximos a la ingeniería futurista, los mecanismos industriales o determinados códigos visuales de la ciencia ficción, reforzando el concepto de cambio constante que atraviesa el universo conceptual del disco. En la parte inferior del diseño aparece el logotipo de XTASY, construido con una presencia robusta y visualmente contundente. El acabado metálico, brillante y voluminoso enlaza con la tradición gráfica característica del hard rock melódico, el AOR y el heavy melódico internacional, géneros donde la tipografía suele desempeñar un papel decisivo en la identidad de cada lanzamiento. Aquí, el nombre del grupo no actúa únicamente como identificación nominal, sino como una pieza plenamente integrada dentro de la arquitectura visual de la portada. Otro detalle significativo reside en el efecto reflectante situado en la base de la composición. La inclusión de un elemento acuático introduce un interesante juego simbólico entre fuego y agua, dos fuerzas opuestas que pueden interpretarse como metáfora del equilibrio, la transformación o el tránsito hacia una nueva etapa creativa. Desde una óptica artística, “Phoenix” encaja sin dificultad dentro de las tendencias visuales que predominan actualmente en buena parte del melodic rock europeo y del AOR moderno: imágenes de fuerte impacto visual, elevado nivel de acabado digital, narrativa simbólica muy marcada y una construcción estética pensada para reforzar la personalidad del producto musical.

Pero donde “Phoenix” termina jugando realmente sus cartas es en el repertorio que conforma el disco. Superado el envoltorio conceptual y el atractivo de su producción, llega el momento de valorar aquello que sostiene cualquier lanzamiento: las canciones. Y es precisamente ahí donde Xtasy busca consolidar el discurso de este cuarto trabajo de estudio.

El encargado de abrir el recorrido es “Too Late”, un tema situado estratégicamente al frente del álbum y que funciona como una introducción perfectamente calculada. Desde su arranque, la banda plantea una combinación de riffs sólidos, amplitud sonora y una base rítmica con notable contundencia, estableciendo con claridad el tono general del trabajo. El corte logra unir inmediatez melódica y carácter hard rock sin inclinarse en exceso hacia ninguno de los dos extremos. Silvia Idoate conduce la pieza con una interpretación segura, intensa y técnicamente solvente, mientras las guitarras desarrolladas por Jorge Olloqui y Carles Salse levantan un entramado instrumental compacto, lleno de dinamismo y precisión. Buena parte del atractivo de la canción se concentra en un estribillo expansivo y fácilmente reconocible, construido bajo coordenadas claramente vinculadas al melodic rock europeo de sonido actual. Como punto de partida, “Too Late” demuestra eficacia inmediata y deja una primera impresión especialmente sólida.

Sin abandonar la energía inicial, “Can’t Get Enough” despliega una orientación más luminosa y abierta, acercándose con mayor claridad al terreno del AOR clásico. El tema apuesta por una construcción más directa y pegadiza, apoyada en una melodía de rápida asimilación y un enfoque que mira claramente hacia la tradición del rock melódico de los ochenta, aunque actualizado mediante una instrumentación robusta y muy bien ensamblada. El protagonismo instrumental adquiere aquí especial relevancia. La estructura rítmica mantiene empuje constante mientras el trabajo solista aporta definición, musicalidad y personalidad sin recurrir a demostraciones innecesarias. El resultado transmite velocidad, amplitud y cierto espíritu de carretera, convirtiendo la canción en uno de esos cortes con clara vocación escénica, diseñados para mantener su fuerza tanto en estudio como ante un público de festival o sala especializada.

La tercera parada llega con “If I Fall”, composición que introduce un perfil algo más duro dentro del recorrido del álbum. El sonido adquiere mayor densidad, incorporando matices cercanos al melodic metal sin romper, en ningún momento, el equilibrio melódico característico del grupo. Las guitarras endurecen su presencia mediante riffs más afilados y una construcción instrumental claramente orientada al impacto. En este contexto, la batería de Javi Herrero desempeña un papel fundamental, reforzando la tensión del tema y aportando una base rítmica de fuerte personalidad. Más allá de su potencia sonora, uno de los principales valores de “If I Fall” reside en su capacidad para combinar agresividad musical y sensibilidad compositiva dentro de una misma estructura. Los desarrollos guitarrísticos aparecen integrados con naturalidad en la evolución del tema, acompañando su progresión sin fracturar su cohesión emocional. Bajo su superficie contundente también emergen matices de introspección, incertidumbre y carga emocional que enriquecen notablemente el conjunto.

Dentro del recorrido que plantea “Phoenix”, “Good Enough” ocupa un lugar especialmente relevante. El tema recoge ecos del hard rock más elaborado surgido entre el final de los ochenta y el comienzo de los noventa, aunque reinterpretados mediante un tratamiento sonoro plenamente contemporáneo. Su arquitectura musical remite a aquella etapa en la que técnica, melodía y contundencia compartían protagonismo sin necesidad de competir entre sí. Lejos de buscar un efecto inmediato, la canción va revelando sus cualidades de forma progresiva hasta asentarse entre los momentos más convincentes del trabajo. La labor instrumental adquiere aquí un peso notable. Las guitarras despliegan un equilibrio muy cuidado entre precisión, intensidad controlada y desarrollo melódico, mientras la línea vocal sostiene un nivel constante de expresividad que aporta profundidad al conjunto. Todo está medido para construir un tema con identidad propia dentro del álbum.

En todo lanzamiento de hard rock suele existir una composición concebida como declaración de principios, y “Phoenix” encuentra ese espacio en “We Live and Die For Rock ’n Roll”. El corte se presenta como una reivindicación directa de la cultura rockera, de la experiencia del directo, de la carretera y del vínculo emocional que une a músicos y seguidores alrededor de una misma pasión. La presencia de los teclados adquiere mayor protagonismo dentro de una estructura amplia, rotunda y claramente pensada para favorecer la respuesta del público. No estamos ante la pieza más sofisticada del repertorio ni busca serlo. Su función pasa por otro terreno: despertar entusiasmo, reforzar el sentimiento de pertenencia y canalizar esa energía colectiva tan ligada al universo del rock. Desde esa perspectiva, el objetivo queda plenamente conseguido.

Tras esa descarga de espíritu celebratorio, “No One Like You” redirige el álbum hacia coordenadas de mayor elegancia melódica. La composición mantiene el equilibrio entre potencia instrumental y sensibilidad armónica, apoyándose en una producción que vuelve a mostrar conexiones claras con la escuela escandinava del melodic rock contemporáneo. Uno de los grandes motores del tema reside en un estribillo de enorme capacidad evocadora, diseñado para permanecer en la memoria desde las primeras escuchas. Silvia Idoate firma otra interpretación destacable, moviéndose con naturalidad entre intensidad emocional y firmeza técnica. Por su parte, las guitarras construyen uno de los desarrollos más refinados del disco, alternando bases contundentes, texturas armónicas y líneas melódicas especialmente trabajadas.

“Time We Won’t Forget” emerge como uno de los episodios más representativos del espíritu general de “Phoenix”. El corte concentra buena parte de los elementos que vertebran el álbum: melodías inmediatas, construcción emocional equilibrada, energía contenida y una notable capacidad de conexión con quien escucha. Su estribillo sobresale por amplitud, magnetismo y eficacia emocional, consolidándose como uno de los grandes puntos fuertes del repertorio. El apartado instrumental suma además uno de los momentos más inspirados del disco gracias a un solo de guitarra desarrollado a través de distintas variaciones melódicas que enriquecen la narrativa musical del tema. La canción aborda el recuerdo, el paso del tiempo y la huella de las experiencias compartidas sin caer en un exceso de sentimentalismo, logrando transmitir sensación de continuidad, celebración y memoria emocional.

La intensidad vuelve a acelerarse con “Carry On”, una pieza construida alrededor del movimiento constante, la inmediatez y el empuje instrumental. Un riff central de gran presencia, un ritmo dinámico y una estructura especialmente ágil convierten la canción en uno de los cortes más directos del álbum. La base rítmica destaca especialmente en este punto del disco. Bajo y batería sostienen un entramado firme y muy compacto que permite a las guitarras expandirse con libertad, desplegando potencia y melodía con idéntica eficacia. El resultado transmite velocidad, cohesión y una sensación permanente de avance. Todo en la canción parece diseñado para multiplicar su impacto en directo, perfilándose como uno de los temas con mayor recorrido potencial dentro del repertorio escénico de Xtasy.

Dentro de la secuencia sonora de “Phoenix”, “Save Me” emerge como una de las composiciones con mayor riqueza ambiental y emocional. El tema introduce una sensibilidad ligeramente distinta respecto al resto del repertorio, desplazándose hacia territorios de mayor oscuridad melódica y profundidad expresiva. La apertura sustentada por el piano modifica temporalmente el paisaje habitual del álbum, incorporando una dimensión más intimista antes de la irrupción del entramado guitarrero. En determinados momentos aparecen matices que rozan discretamente ciertas sensibilidades próximas al metal melódico de tonalidad más sombría, aunque siempre absorbidas por la identidad estilística propia de Xtasy. Buena parte del impacto del corte reside en el desempeño vocal de Silvia Idoate, que desarrolla aquí una interpretación especialmente intensa y matizada. Su capacidad para alternar fragilidad, tensión dramática y empuje vocal dota a la canción de una dinámica emocional especialmente efectiva.

Para clausurar el trabajo, Xtasy recurre a “One Heart, One Fire”, una composición que actúa prácticamente como compendio de las principales señas de identidad desplegadas a lo largo del álbum. El tema combina gancho melódico, energía instrumental, amplitud coral, acabado sonoro de inspiración escandinava y una evidente orientación épica. La influencia estética asociada al universo de Erik Mårtensson se deja notar con claridad en determinados detalles de producción, especialmente en la amplitud de la mezcla y en el tratamiento de las melodías, aunque sin comprometer la personalidad de la banda. La canción articula con equilibrio las facetas más contundentes y los momentos de mayor sensibilidad melódica presentes en “Phoenix”. Además, su mensaje centrado en la cohesión, la perseverancia y la fuerza compartida conecta de manera natural con el discurso conceptual del álbum. En lugar de buscar una despedida sobredimensionada, el grupo apuesta por un cierre consistente, energético y plenamente coherente con la narrativa general del disco.

Analizado en conjunto, “Phoenix” ofrece una paleta sonora amplia donde conviven estribillos de gran impacto, composiciones de mayor peso instrumental, desarrollos de fuerte carga emocional, pasajes acelerados, contrastes atmosféricos y un notable cuidado en la elaboración musical, todo ello articulado bajo una identidad artística perfectamente reconocible. Más que intentar redefinir los límites del hard rock melódico europeo, Xtasy demuestra su capacidad para desenvolverse dentro del género con autoridad, oficio compositivo y un elevado nivel técnico. El verdadero valor del álbum reside en la consistencia de sus canciones, en la solidez de su producción y en la claridad con la que la banda reafirma su personalidad musical. Escuchado en su totalidad, “Phoenix” proyecta la sensación de estar ante un grupo instalado en una fase de plena madurez creativa y atravesando uno de los periodos más convincentes de toda su carrera. 

Nota: 8.5/10

Misfits Salenek

Listado de temas:

1 Too Late

2 Can’t Get Enough

3 If I Fall

4 Good Enough

5 We Live And Die for Rock ‘N Roll

6 No One Like You

7 Time We Won’t Forget

8 Carry On

9 Save Me

10 One Heart, One Fire 

Xtasy son:

Silvia Idoate – Voz

Jorge Olloqui – Guitarra

Carles Salse – Guitarra

David Zarzosa – Bajo

Javi Herrero – Batería

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