Una noche de mayo devolvió a Mérida uno de esos conciertos construidos desde la cercanía, el oficio y la pasión por el directo.
La Asociación ACERO, referencia indispensable dentro de la escena rockera emeritense, volvió a abrir las puertas de La Forja, su cuartel general sonoro, para recibir a Strangers y a Xeria.No hubo lleno absoluto, pero sí una entrada más que aceptable, suficiente para generar ese ambiente tan propio de La Forja: público próximo al escenario, conversaciones que se apagan cuando se atenúan las luces y esa sensación de comunidad rockera que convierte cada concierto en algo más que un simple bolo. La sala, vinculada desde hace años a la actividad de ACERO y al circuito underground extremeño, volvió a demostrar por qué sigue siendo un refugio imprescindible para las bandas nacionales que entienden el directo como su territorio natural.
Ahí, apareció Strangers. En donde hay
que decir, que hay bandas que suben
al escenario con la intención de tocar un repertorio y luego están aquellas que
convierten cada concierto en una conversación directa con el público, sin
artificios innecesarios, sin distancias, sin filtros. Strangers pertenece a ese
segundo grupo. La noche en Mérida
comenzó con esa electricidad silenciosa que sólo existe minutos antes del
primer acorde, la sala todavía seguía recibiendo a personas para disfrutar de
estos conciertos, las luces permanecían bajas y sobre el escenario todo parecía
esperar el momento exacto de estallar. Cuando Strangers apareció, no hizo falta
demasiado tiempo para entender que aquello no iba a ser una simple banda
invitada calentando motores. Venían a dejar huella.
Desde primera fila, el
impacto fue inmediato. Sonido contundente, actitud desbordante y una conexión
casi instantánea con una audiencia que, canción tras canción, pasó de la
curiosidad inicial a la entrega absoluta. Cada riff encontraba respuesta, cada
estribillo ganaba fuerza en las gargantas del público y cada pausa servía
únicamente para aumentar la sensación de que algo genuino estaba ocurriendo
allí delante. Porque Strangers no se limitó a abrir una noche de música.
Construyó su propio espacio dentro de ella, demostrando que el directo sigue
siendo el territorio donde las bandas revelan realmente quiénes son, una gran
banda madrileña de hard rock melodico, donde cada canción nos regalaba una
carga emocional a través de todo el grupo, y con la increíble voz de Celia.
Donde último trabajo titulado “Boundless”, era el que en su mayoría seria
interpretado esta noche, haciendo un guiño por supuesto a trabajos anteriores.
La apertura llegó con “Whort a Shot”, un
inicio con nervio, directo y sin rodeos. El tema funcionó como declaración de
intenciones. Sonido compacto, guitarras bien ensambladas y una banda que desde
el primer compás se mostró cómoda sobre las tablas. Como carta de presentación
del universo “Boundless”, la canción marcó perfectamente las coordenadas del
repertorio: melodía, fuerza contenida y un evidente gusto por los estribillos
memorables.
Sin apenas pausa enlazaron con “My
Dream”, uno de esos cortes donde Strangers explota su vertiente más emocional
sin caer en la blandura. La interpretación ganó en matices; las líneas vocales
encontraron espacio para respirar y la sala comenzó a entrar definitivamente en
dinámica de concierto. A estas alturas ya era evidente que el grupo había
trabajado a fondo el repertorio de “Boundless” para trasladarlo al directo sin
perder carácter.
Con “Youthful Soul” apareció uno de los
primeros grandes momentos de comunión con el público. El tema desprende ese
aire de nostalgia luminosa, de juventud recordada sin dramatismos, que tan bien
encaja en la propuesta del grupo. Musicalmente ofreció uno de los sets de
guitarras más sólidos de la noche, apoyado por una base rítmica firme y
precisa.
La primera parte del concierto encontró
continuidad con “Language of Love”, probablemente uno de los cortes más
melódicos del repertorio. Aquí Strangers bajó ligeramente la intensidad física
para apostar por la atmósfera y la construcción emocional. El juego entre
tensión y melodía funcionó especialmente bien en una sala pequeña como La
Forja, donde cualquier detalle interpretativo llega de forma inmediata a
quienes ocupan las primeras filas.
Uno de los puntos señalados del set llegó
con “Stronger Than Before”, conocido ya como sencillo asociado al universo de “Whispers”.
La canción evidenció un crecimiento compositivo notable: estribillo poderoso,
estructura clara y ese tono resiliente que conecta de forma natural con el
mensaje implícito del tema. Fue además uno de los momentos en los que la banda
sonó más compacta, transmitiendo sensación de seguridad absoluta en el material
que tienen entre manos.
El ecuador del concierto aterrizó con
“Lose Yourself”, un tema que aportó dinamismo y empuje. Aquí apareció la faceta
más directa de Strangers, más cercana al rock melódico contemporáneo de pulso
inmediato. La respuesta de la sala acompañó; cabezas moviéndose, aplausos más
intensos y la sensación de que el concierto había alcanzado ya plena velocidad
de crucero.
Entonces llegó “Freedom”, y con ella uno
de los discursos emocionales más claros del repertorio. El tema, cargado de
impulso liberador tanto en letra como en construcción musical, encontró un
encaje natural dentro del contexto de un concierto íntimo pero intenso. Hubo
algo genuino en su interpretación: menos perfección clínica y más autenticidad.
Con “Still The One” la banda volvió a
girar hacia terrenos más sentimentales. Canción de pulsión afectiva, de
permanencia y vínculo, fue defendida con solvencia y buen equilibrio entre
contención y entrega. A nivel interpretativo destacó especialmente el trabajo
vocal, muy bien sostenido durante todo el concierto pese a la exigencia
melódica del repertorio.
La recta final comenzó a tomar forma con
“The Fate Is Gone”, posiblemente uno de los cortes más oscuros o introspectivos
del setlist. Aquí Strangers mostró otra dimensión compositiva: menos luminosa,
más reflexiva, pero igualmente efectiva. El crescendo instrumental funcionó
especialmente bien en directo, reforzado por una ejecución convincente y
segura.
Uno de los momentos más esperados llegó
con “With You”, conocido como adelanto relacionado con “Whispers”. El público
parecía reconocer especialmente el tema, y la banda aprovechó esa familiaridad
para construir uno de los pasajes más cálidos de la noche. La canción confirmó
por qué había funcionado previamente como adelanto: accesible, emotiva y
perfectamente diseñada para crecer sobre un escenario.
La entrada en la fase definitiva del
concierto quedó marcada por “Into The Night”, pieza identificada ya con la
etapa 2025 de “Boundless”. Aquí Strangers desplegó quizá su versión más
expansiva. Sonido abierto, sensación de movimiento constante y una
interpretación que parecía hecha para cerrar carreteras nocturnas más que para
permanecer encerrada entre cuatro paredes; y más aún cuando en la guitarra
Miguel Martin, se bajó al público allí presente, para disfrutar con ellos ese
momento y esa cercanía que estaban ya teniendo, para agrandarlo mucho más.
Pero si hubo un punto especialmente
celebrado, ese fue “Flames”. El sencillo (acompañado además de videoclip dentro
de la trayectoria reciente del grupo) demostró por qué ocupa un lugar destacado
en su catálogo reciente. Potente, inmediata, eficaz y diseñada para incendiar
los últimos compases de cualquier actuación. La banda la ejecutó con evidente
confianza, y la respuesta del público fue una de las más contundentes de la
noche.
El cierre quedó reservado para “Enemy”,
una elección inteligente para despedir la presentación de Boundless en Mérida.
La canción condensó buena parte de las virtudes mostradas durante el concierto:
melodía, intensidad, identidad y una forma de entender el rock moderno sin
complejos ni necesidad de imposturas.
Al terminar, la sensación dominante no
fue la del espectáculo grandilocuente, sino algo quizá más valioso: la
confirmación de que Strangers posee canciones capaces de sostener un concierto
completo y una personalidad artística en plena consolidación.
En tiempos donde muchas propuestas dependen excesivamente de la producción de estudio, el paso de Strangers por La Forja dejó una conclusión sencilla pero contundente: “Boundless” no es únicamente un disco de 2025; es un repertorio pensado para defenderse cara a cara, cerca del público y con la honestidad que exigen escenarios como el de ACERO. Y eso, en una sala como ésta, siempre tiene un mérito especial. Por cierto, hay que añadir, que, en un tramo de la actuación, hubo una enorme dedicación al batería Abel Ramos, por su cumpleaños, así que todos formamos parte de ese momento, tanto por los compañeros de su banda como por toda la sala, y de nuevo Felicidades en esa gran noche.
Después de esa gran primera actuación, llegaba el turno a Xeria, quienes agrandaron también esta fantástica noche, y es que estos vallisoletanos, con un estilo propiamente marcado y único, con un gran sonido al igual que emoción, llenaron con su aura una noche difícil de recordar, y con discos los cuales forman parte en el título de elementos de la naturaleza como son Fuego y Tierra … dejando en el aire dos más, quien sabe si para futuros discos, en todo caso estaremos atentos para ver con que nos pueden sorprender, ya que por ahora, la sorpresa ha sido con creces y un motivo de ello, son estos discos que tienen los cuales fueron interpretando en La Forja, con un setlist que valía mucho la pena. Y así a lo largo de su actuación, nos asombraron con los singles de ambos discos, y con canciones por supuesto de “Tierra” y “Fuego”.
Y es con el single
de este último con el que arrancaron la noche, después de una intro, el chispazo
llegó con la penumbra cerrándose y el primer pulso de la noche: “Intro” y “Una
lágrima más”, desde primera fila, la apertura se sintió menos como una
introducción y más como una grieta emocional que se abría sin aviso.
El sonido, todavía buscando su equilibrio
inicial, tenía ese punto crudo que en sala pequeña no se disimula, sino que se
convierte en parte del lenguaje. La voz emergió con claridad progresiva, como
si necesitara unos segundos para asentarse sobre el rugido instrumental. El
público respondió rápido, sin espera: ya había cabezas moviéndose antes de que
terminara el primer minuto. Y es que la banda, musicalmente; y Marina en la
voz, que te iba envolviendo y atrayendo con ese noto, hacia que el concierto
fuera épico, como su estilo musical.
Sin transición aparente, llegó “Mi
reina”, y el concierto tomó forma definitiva. Aquí Xeria ya estaba en modo
directo completo: la batería marcaba un pulso más firme, la guitarra ganaba
presencia en medios y la voz se colocaba por encima de la mezcla sin forzar.
Desde la primera fila se percibía un detalle importante: la banda estaba
cómoda. No había rigidez de arranque, sino un control claro del escenario, como
si la sala les perteneciera desde antes de empezar.
Con “Sangre fría”, la intensidad subió un
escalón. El tema cayó con más peso rítmico, más oscuro en su intención. Las
luces, en tonos rojos y blancos intermitentes, empezaron a jugar un papel
narrativo real, no decorativo; que ello era posible gracias a unas luces
propias de la banda. En sala pequeña esto es clave: no hay distancia para
esconder errores ni para maquillar emoción. Aquí todo ocurre encima del
público, literalmente.
El bloque continuó con “Edén”, donde la
dinámica cambió hacia algo más expansivo. Fue uno de los primeros momentos en
los que se notó una respuesta coral del público: no solo coreando, sino
respirando al ritmo de la canción. Desde primera fila se percibía el contraste
entre la delicadeza de ciertos pasajes y el golpe posterior de las guitarras,
que devolvían el tema al terreno del metal melódico más reconocible de la banda,
y es que hay que añadir que en esta canción del disco “Fuego”, colabora Rafa
Blas (Mägo de Oz), con un gran videoclip, así que no se puede decir nada más,
canción inolvidable.
Con “Tierra”, el concierto bajó ligeramente el tempo sin perder tensión. Este fue uno de los momentos donde Xeria mostró mejor su control del espacio sonoro. En una sala como La Forja, el silencio entre golpes tiene casi tanto peso como el propio riff. Y aquí esos silencios estaban perfectamente medidos. El público no los llenaba: los respetaba. Entonces llegó el inesperado punto de inflexión de la noche, un solo de batería. No fue un interludio de relleno, sino una declaración de intenciones.
El batería tomó el centro emocional del concierto durante varios
minutos, jugando con cambios de dinámica, redobles secos y una progresión que
fue creciendo hasta arrancar aplausos espontáneos en mitad del propio solo.
Desde primera fila, la sensación era física: el bombo no se escuchaba
solamente, se sentía en el pecho; y es que César en la batería, demostró con
maestría y con creces, con un gran solo, por que pertenecía a esta también gran
banda.
El regreso a la estructura de banda llegó
con “Terciopelo”, probablemente uno de los momentos más contrastados del set.
El título ya anticipa el enfoque, y el directo lo reforzó: un tema más
envolvente, más atmosférico, donde la voz se permitió matices más suaves sin
perder presencia. Aquí el público entró en un estado de atención distinta,
menos eufórico y más contemplativo. Y es que Marina, en el centro del
escenario, con una soltura, grandeza y fuerza, nos ofreció una canción con un
gran registro vocal, y llena de sentimiento que ella misma mostró y nos
envolvió del momento. Directamente todos los que estábamos en la sala, todos
sus compañeros de grupo y la propia sala en sí, no podía apartar la mirada ni
los oídos, de lo que se estaba viendo y menos aún, de lo que se estaba
escuchando. Gran canción y grandioso momento.
Sin embargo, esa calma era solo un
respiro antes de “La luna siempre brilla”, donde la banda recuperó energía con
un tema claramente diseñado para levantar la sala. Y lo consiguió. Fue uno de
los primeros momentos donde los presentes respondieron de forma uniforme, con
movimiento constante y un aumento visible del volumen del público cantando.
El tramo medio del concierto continuó con
“Red de perdición”, que devolvió un tono más oscuro y denso. Aquí Xeria jugó
con la tensión más que con la melodía directa. La guitarra tomó protagonismo
con riffs más serrados, mientras la batería sostenía una base más contenida
pero constante. Era el tipo de tema que no busca explotar rápido, sino
envolver.
Sin pausa real, entró “Fuego”,
probablemente uno de los puntos más energéticos del concierto hasta ese
momento. Aquí la banda aceleró la percepción general del show: luces más
agresivas, cortes más marcados, y una interpretación vocal más directa. Desde primera
fila se notaba algo claro: el público ya estaba completamente dentro del
concierto, sin fricción entre escenario y sala.
El bloque final arrancó con “Morir en tu
boca”, que funcionó como un segundo arranque emocional dentro del mismo
concierto. Si el inicio había sido apertura, este fue el primer clímax
narrativo. El tema se desplegó con fuerza, y el público reaccionó como si fuera
un cierre anticipado. La intensidad fue tan alta que por momentos parecía que
la banda estaba empujando deliberadamente hacia el borde del colapso emocional.
Con “Contra las estrellas”, el concierto
tomó un aire más épico. Aquí Xeria se apoyó en la sensación de amplitud sonora,
elevando el tono general del espectáculo. Desde primera fila se percibía cómo
la banda trabajaba ya en clave de final: más gestos, más comunicación visual,
más intención de arrastre colectivo.
Y entonces llegó el cierre real: “Tienes
miedo”. No fue solo una canción final, sino una despedida construida. El tema
se estiró emocionalmente, con un público completamente entregado, cantando sin
necesidad de guía constante. Las luces bajaron progresivamente hasta dejar la
sensación de que la sala se iba apagando junto al grupo.
Cuando el último acorde cayó, no hubo
vacío inmediato. Hubo ruido aplausos largos, gritos, esa mezcla de satisfacción
y agotamiento que solo aparece cuando un concierto ha funcionado como
experiencia completa, no como sucesión de canciones. Xeria no cerró la noche,
la dejó suspendida unos segundos más en el aire de La Forja antes de
desaparecer.
Desde primera fila, la sensación final
fue clara: no fue un concierto de grandes artificios, sino de construcción
constante de intensidad, bien medida, bien ejecutada y con una sala que
respondió como un solo cuerpo. Mérida no solo asistió a un show; lo sostuvo
desde dentro.
Como colofón, la cercanía de ambos grupos con los presentes, tantos en los puestos de merchandising, como a quienes querían inmortalizar el momento, o compartir impresiones con ellos. Tuvieron tiempo para todos, tanto Strangers como Xeria, digno de admirar y muy respetuosos, eso os hace muy grandes. Y tener la oportunidad de verlos, en alguna sala o algún festival de nuevo, que demostraron en Mérida, que como músicos y como personas cercanas, merecerá la pena. Y por supuesto de nuevo ejemplar la Asociación Acero.
Crónica y fotos: Misfits Salenek y Angelvfr























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