lunes, 31 de agosto de 2026

Critica a BLOODY FALLS · “IV” (Art Gate Records)

 

IV es el cuarto disco de Bloody Falls, procedentes de Valkeakoski, Finlandia, Bloody Falls se han convertido en una de esas formaciones que, sin necesidad de recurrir a fórmulas excesivamente novedosas, han sabido construir una identidad propia a partir de la combinación de contundencia, melodía, groove y una marcada inclinación hacia los ambientes oscuros.

La historia del grupo comienza realmente antes de que existiera Bloody Falls, ya que varios de sus integrantes procedían de Exiled Genesis, una formación creada en 2013 que se movía inicialmente dentro de terrenos próximos al groove metal. En 2017, con la intención de adoptar una orientación más pesada y oscura y ante la sensación de que ese cambio no podía realizarse de manera natural dentro de Exiled Genesis, sus miembros decidieron cerrar aquella etapa y comenzar un nuevo proyecto desde cero. Así nació Bloody Falls.

Desde el principio, la intención fue alejarse de los límites del antiguo proyecto y buscar un sonido más agresivo, oscuro y orientado hacia el death metal melódico, aunque conservando ese componente rítmico y contundente que ya formaba parte de su ADN. El primer paso importante llegó con el single “Thanatos”, que acabaría dando título al álbum de debut. Poco después, “Amongst the Living Dead” llamó la atención de Inverse Records, sello con el que la banda publicó su primer larga duración.

“Thanatos”, aparecido en 2018, debe entenderse como el punto de partida de Bloody Falls pero también como un disco de búsqueda. La propia banda ha reconocido posteriormente que aquel primer trabajo era más experimental y que todavía estaban intentando descubrir cuál debía ser exactamente la dirección musical del grupo. Esa circunstancia resulta importante para comprender la evolución posterior, porque Bloody Falls no nació con una fórmula completamente definida, sino que fue encontrando progresivamente el equilibrio entre death metal melódico, groove, elementos de black metal y una concepción cada vez más directa y moderna de la música extrema. Tras el debut llegaron cambios en la formación: Rami Vartiainen asumió la batería y Antero Hakala sustituyó a Tanawat Thongprem como vocalista en 2019. La llegada de Hakala terminó de consolidar la alineación que ha acompañado al grupo durante su etapa más estable.

Con “Burn the Witch”, publicado en 2021 por Art Gates Records, Bloody Falls comenzó a mostrar una personalidad mucho más definida. El propio grupo considera este álbum prácticamente como el verdadero comienzo de Bloody Falls desde el punto de vista artístico, ya que fue entonces cuando la banda sintió que había encontrado con mayor precisión el camino que quería seguir. El disco profundizó en los riffs de groove, las guitarras melódicas, las voces agresivas y una estética lírica más narrativa y oscura. La pandemia retrasó su publicación, pero el álbum terminó consolidando la colaboración con Art Gates Records y situó a Bloody Falls dentro de un circuito internacional de metal extremo cada vez más amplio.

Después llegaría el EP “Dying Is Easy”, en 2023, y posteriormente “Amartia”, en abril de 2024.

Es precisamente dentro de esa evolución donde aparece “IV”, cuarto álbum de larga duración de Bloody Falls y, hasta la fecha, uno de los trabajos que mejor sintetizan su personalidad. Publicado el 5 de junio de 2026 a través de Art Gates Records, el disco está compuesto por once canciones y presenta una duración aproximada de cincuenta y siete minutos y medio. Su título, aparentemente sencillo, tiene en realidad un significado bastante más elaborado. No solamente se trata del cuarto álbum de estudio de Bloody Falls: la cuarta canción del disco es “The Four”, y el concepto de esa composición está relacionado con los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. De esta manera, el número cuatro se convierte en un elemento estructural del álbum: es el cuarto trabajo de la banda, contiene en su cuarta posición una canción titulada “The Four” y esa canción constituye uno de los núcleos conceptuales de todo el lanzamiento.

Desde el primer momento, “IV” deja claro que Bloody Falls ha decidido reducir todavía más los elementos secundarios para concentrarse en la pegada. La propia banda lo ha definido como su álbum más agresivo hasta el momento, describiéndolo como un trabajo implacable, melódico y especialmente orientado al groove. Lo interesante es que esa agresividad no parece haber sido el resultado de una decisión completamente premeditada. Según explicó Stavros Mathios, el proceso comenzó con riffs especialmente agresivos y, a partir de ahí, el resto de las composiciones fueron desarrollándose de manera natural en esa dirección. Frente a trabajos anteriores, donde podían aparecer partes más lentas, mayor variedad o una experimentación más evidente, IV busca una mayor concentración y una escritura más compacta. La intención no era simplemente hacer canciones más rápidas o más pesadas, sino conseguir que el conjunto funcionara como una unidad mucho más cohesionada.

Musicalmente, esa filosofía se traduce en un disco dominado por riffs de guitarra contundentes, afinaciones graves, patrones de palm-muting, secciones de groove y una batería que alterna pasajes de medio tiempo con aceleraciones y blast beats. Sobre esa base aparecen las melodías de guitarra que permiten que el grupo no quede reducido a una simple propuesta de death/groove metal moderno. Hay también momentos donde las armonías y los tremolos acercan determinadas secciones a una sensibilidad black metal, mientras que algunos patrones rítmicos tienen un componente claramente thrash. El resultado es una mezcla que mantiene el carácter melódico de Bloody Falls pero que en “IV” aparece más seca, agresiva y directa. Diversas reseñas han destacado precisamente esa combinación entre groove, death metal melódico, elementos blackened y recursos cercanos al thrash.

Uno de los aspectos más interesantes del disco se encuentra precisamente en su producción. “IV” fue grabado en VStudio, en Finlandia, con la propia banda encargándose de las sesiones de grabación y con Stavros Mathios como productor. La mezcla y la masterización corrieron a cargo de Max Morton, en Morton Studios. Esta combinación resulta importante porque sitúa buena parte del control artístico dentro del propio grupo, mientras que la mezcla y el acabado final quedan en manos de un profesional externo. El resultado busca una producción poderosa, precisa y especialmente enfocada, algo coherente con la intención declarada de hacer el álbum más agresivo y compacto de su trayectoria.

El proceso de grabación fue, además, especialmente eficiente. Mathios explicó que la banda llegó a las sesiones perfectamente preparada y que consiguió tener el disco completamente grabado en aproximadamente un mes. Esta rapidez no parece proceder de una grabación improvisada, sino justamente de lo contrario: las canciones habían sido trabajadas previamente, los integrantes conocían sus partes y el método de composición y preproducción empleado por el grupo permitía llegar al estudio con un material ya muy definido. En comparación con Burn the Witch y Amartia, donde existieron mayores dificultades o procesos algo más complejos, las sesiones de IV transcurrieron de una manera mucho más profesional y fluida.

En cuanto al sonido final, la producción de “IV” favorece especialmente el impacto de la sección rítmica y las guitarras. El bajo de Mika Lehtinen y la batería de Rami Vartiainen proporcionan una base muy sólida sobre la que las dos guitarras, a cargo de Stavros Mathios y Marko Mäkinen, pueden desarrollar los riffs y las armonías. La voz de Antero Hakala, por su parte, se integra en esa masa sonora sin intentar convertir el disco en un ejercicio de virtuosismo vocal. Es una interpretación agresiva y funcional que refuerza la sensación de amenaza que atraviesa las canciones. La formación que aparece en “IV” está integrada por Hakala en las voces, Mathios y Mäkinen en las guitarras, Lehtinen al bajo y Vartiainen en la batería.

La producción también ayuda a que esa estética funcione. En lugar de buscar un sonido excesivamente orgánico o deliberadamente retro, Bloody Falls opta por una presentación moderna, contundente y relativamente limpia, en la que los riffs pueden percibirse con claridad incluso cuando la música alcanza sus momentos de mayor densidad. El groove tiene un papel fundamental: muchos de los riffs están diseñados para generar movimiento físico, para que el oyente pueda seguirlos casi inmediatamente, y esto explica que algunas reseñas hayan destacado la facilidad con la que determinadas canciones provocan una respuesta directa de headbanging. Al mismo tiempo, las armonías y los elementos melódicos impiden que el disco se convierta en una sucesión uniforme de riffs de death metal.

La portada, obra del artista Jesus Lhysta, conocido como The Rotted Artist, merece una consideración especial porque forma parte esencial del concepto del álbum. La imagen representa al Diablo levantándose y convocando a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. El diseño parte de una idea proporcionada por la propia banda, siguiendo un método que Bloody Falls ya había utilizado anteriormente: los músicos desarrollan conjuntamente una idea visual, Mathios prepara bocetos, anotaciones y descripciones, y posteriormente Jesus Lhysta transforma esas indicaciones en la portada definitiva. De esta forma, la ilustración no funciona simplemente como una imagen atractiva para acompañar el lanzamiento, sino como una representación directa del universo narrativo del disco.

La simbología de la portada adquiere todavía más sentido cuando se relaciona con la estructura del álbum. El Diablo y los Cuatro Jinetes representan el componente apocalíptico, mientras que el número “IV” establece una conexión entre la imagen, el título, la posición de “The Four” y el hecho de tratarse del cuarto larga duración. Es una concepción bastante clásica dentro del metal extremo, pero eficaz porque evita que la portada y el contenido musical parezcan dos elementos desconectados. En “IV”, la estética apocalíptica sirve como marco para unas canciones que hablan de muerte, violencia, sufrimiento, destrucción y diferentes aspectos de la oscuridad humana.

La principal característica del álbum es que Bloody Falls parece haber decidido concentrar su identidad en lugar de dispersarla. Frente a una posible tentación de introducir constantemente nuevos elementos, IV insiste en aquello que mejor define al grupo: guitarras graves y afiladas, ritmos sincopados, groove, melodía, voces ásperas y explosiones puntuales de velocidad. Las canciones son diferentes entre sí, pero comparten una misma arquitectura sonora. Esta cohesión puede interpretarse como una virtud o como una limitación, dependiendo de lo que se busque en el álbum. Algunas reseñas han destacado precisamente su contundencia y capacidad para funcionar como una unidad, mientras que otras han criticado cierta tendencia a mantener las estructuras durante demasiado tiempo.

“By My Own Grave” es la puerta de entrada perfecta a “IV”, porque resume desde el comienzo buena parte de los rasgos que dominarán el resto del trabajo. Es una composición suficientemente extensa como para permitir diferentes desarrollos, pero Bloody Falls no utiliza esa duración para construir una introducción progresiva o especialmente experimental. El grupo entra prácticamente desde el principio con una combinación de groove y agresividad que establece el carácter del álbum.

Uno de los aspectos más destacados del tema es precisamente su componente rítmico. Las guitarras trabajan con riffs cortantes y sincopados que producen una sensación de movimiento constante, mientras la batería refuerza los golpes con una ejecución precisa y contundente. La canción posee ese carácter que invita inmediatamente al headbanging, pero no depende únicamente de la velocidad. De hecho, buena parte de su fuerza procede de saber cuándo mantenerse en un tempo medio y cuándo acelerar.

Las guitarras solistas introducen una dimensión más inquietante. Frente a la contundencia de los riffs principales, los leads aportan melodías de carácter oscuro que evitan que el tema quede reducido a una simple exhibición de groove metal. Una reseña de Acta Infernalis destaca precisamente esa combinación entre las raíces más clásicas del grupo, el sonido moderno y agresivo y unas guitarras solistas que aportan tonalidades más ominosas.

La voz de Antero Hakala se mantiene en todo momento dentro de un registro extremo y agresivo, contribuyendo a esa sensación de rabia permanente que necesita el tema. “By My Own Grave” funciona, por tanto, como una presentación: no pretende mostrar todos los recursos posibles de Bloody Falls, sino establecer las reglas del juego. Es una canción pesada, pegadiza dentro de los parámetros del género y suficientemente melódica para que las guitarras tengan protagonismo.

También resulta significativo que el título hable de una tumba construida por uno mismo. Esa imagen de autodestrucción encaja perfectamente con el ambiente general de “IV”, un álbum donde la violencia no procede exclusivamente de una amenaza externa, sino también de las decisiones, impulsos y miserias humanas. 

Si “By My Own Grave” abre el álbum mostrando su faceta groove, “Pestilence Is All I Need” aumenta inmediatamente la sensación de peso. Una de las canciones más compactas del disco y, precisamente por ello, funciona como un auténtico rodillo. No necesita una estructura excesivamente compleja para transmitir su mensaje: entra, golpea y avanza. Aquí Bloody Falls parece interesada en explorar especialmente la dimensión más pesada de su sonido. El riffing adquiere una sensación casi infernal, con una base rítmica que mantiene una presión constante. El contraste con la canción anterior es importante porque demuestra que el grupo puede cambiar la textura sin modificar radicalmente su lenguaje.

Uno de los momentos más interesantes llega con el solo de guitarra, que rompe momentáneamente la contundencia casi monolítica de la canción. Acta Infernalis señala precisamente ese solo como un elemento que destaca dentro de una composición esencialmente directa y pesada. La canción tiene además una cualidad muy física. El groove está construido para sentirse más que para analizarse, y los golpes de batería funcionan como auténticos puntos de apoyo para las guitarras. Es uno de esos cortes que probablemente adquieren una dimensión todavía mayor en directo, porque su estructura favorece la respuesta inmediata del público.

“Pestilence Is All I Need” representa también una de las caras más oscuras de “IV”. Si el primer tema hablaba de la autodestrucción, aquí aparece la idea de la peste, la contaminación y la decadencia. No es casualidad que el álbum recurra continuamente a imágenes de muerte y catástrofe. Todo parece formar parte de una misma visión pesimista de la condición humana.

“I Am The Devil” es posiblemente uno de los temas más inmediatamente reconocibles de IV. No resulta extraño que Bloody Falls lo utilizara como uno de los singles de presentación del álbum y que exista un videoclip oficial asociado a la canción. La composición comienza de una manera algo más contenida que las dos anteriores, creando una sensación de expectativa antes de aumentar progresivamente la intensidad. Esa decisión ayuda a que el tema tenga una dinámica más evidente. Cuando el ritmo se acelera, el contraste resulta mucho más efectivo.

Uno de los grandes atractivos de “I Am The Devil” está en la combinación de las voces. Los cambios vocales durante el estribillo contribuyen a representar esa dualidad entre locura, furia y amenaza. La canción tiene un carácter especialmente pegadizo dentro de los parámetros extremos de Bloody Falls, y probablemente sea uno de los cortes que más fácilmente puede permanecer en la cabeza después de la escucha. Las guitarras vuelven a moverse entre riffs contundentes y melodías oscuras, mientras la batería mantiene una energía que permite que la canción no se estanque.

El tema demuestra que Bloody Falls sabe construir canciones accesibles sin abandonar la agresividad. Esta característica también ha sido señalada por algunas críticas menos favorables, que consideran que determinados estribillos y estructuras pueden resultar demasiado previsibles. Pero precisamente esa sencillez es parte de su eficacia. 

“I Am The Devil” no intenta ser el tema más técnico del álbum; busca ser uno de los más memorables. El personaje que da título a la canción se convierte además en una especie de figura central del universo conceptual del disco, preparando el terreno para “The Four”.

“The Four” es probablemente la canción conceptualmente más importante del álbum. Su posición como cuarta pista no es casual y conecta directamente con el título “IV”. El concepto gira alrededor de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, mientras la presentación del disco describe precisamente ese paisaje conceptual dominado por las figuras apocalípticas. Musicalmente, “The Four” tiene una aproximación algo más accesible. Los riffs son relativamente sencillos y permiten que la melodía tenga una presencia mayor. También destaca la participación del bajo, al que la estructura concede algo más de libertad, un detalle que contribuye a diferenciar el tema de los cortes anteriores. La canción posee además algunos de los pasajes más melódicos de la primera mitad del álbum. Esto es importante porque el concepto de los Cuatro Jinetes podría haber llevado a Bloody Falls hacia una composición completamente oscura y solemne, pero el grupo mantiene su tendencia a combinar melodía con violencia.

El contraste aparece especialmente en la voz, mucho más abrasiva que la instrumentación en determinados momentos. Esa diferencia genera una tensión interesante: las guitarras pueden ofrecer una melodía relativamente atractiva mientras la voz mantiene la sensación de amenaza.

La aceleración que aparece posteriormente funciona como un recurso muy efectivo. En lugar de mantener la canción permanentemente en un mismo nivel de intensidad, Bloody Falls introduce un incremento de velocidad que le proporciona un segundo impulso. Es un tema importante dentro de “IV” no solamente por su posición, sino porque establece el centro simbólico del álbum. 

“Doomed To Repeat” lleva el álbum hacia un terreno especialmente épico. Con casi seis minutos de duración, es uno de los temas largos de “IV” y aprovecha ese espacio para desarrollar una estructura que combina agresividad con una mayor sensación de amplitud.

El título, “Condenado a repetir”, encaja perfectamente con la visión fatalista que recorre el álbum. La humanidad parece atrapada en un ciclo de errores, violencia y destrucción. Musicalmente, esa idea se traduce en riffs que vuelven una y otra vez sobre determinadas figuras, creando una sensación de inevitabilidad. Aquí adquieren especial importancia los estribillos. Son más abiertos y tienen un componente casi himno dentro del contexto extremo del disco. Acta Infernalis los define como majestuosos y especialmente apropiados para una respuesta colectiva en directo. La canción tiene además una dimensión vengativa. No es simplemente un tema de desesperación, sino de respuesta y castigo. Las guitarras parecen avanzar con una determinación casi militar, mientras Hakala mantiene una interpretación vocal que refuerza la sensación de furia. 

“Doomed To Repeat” es uno de los ejemplos más claros de cómo Bloody Falls intenta hacer que el death metal melódico resulte físicamente inmediato. No es una canción que dependa de grandes cambios estilísticos; su fuerza está en la repetición eficaz de sus principales motivos y en la forma en que estos van acumulando intensidad.

Con “The Churn” Bloody Falls vuelve a acelerar la maquinaria. Es uno de los temas que mejor representan el componente más puramente físico de “IV”. Las guitarras utilizan armonías y figuras que parecen saltar continuamente hacia delante, mientras la batería sostiene una velocidad que invita inevitablemente al movimiento. La palabra “churn” transmite la idea de agitación, movimiento constante y transformación violenta. La música refleja muy bien esa sensación. No hay una atmósfera relajada ni demasiado espacio para el descanso: el tema está construido para mantener la tensión. Uno de los elementos más interesantes son las armonías de guitarra, especialmente las figuras más saltarinas que se integran en el riffing. Acta Infernalis destaca precisamente la capacidad de la canción para provocar una respuesta física inmediata, describiéndola como un tema que prácticamente obliga a mover la cabeza siguiendo sus armonías. “The Churn” también ayuda a romper la progresión del álbum. Después de la dimensión más épica de “Doomed To Repeat”, esta canción vuelve a lo directo. Es más corta, más inmediata y más centrada en el riff.

En cierto modo, es una canción que representa a Bloody Falls en su estado más elemental: guitarra, bajo, batería y voz trabajando juntos para conseguir impacto. No necesita demasiados adornos porque la estructura rítmica ya proporciona suficiente dinamismo.

“Mother, Your Son Is Bleeding” es probablemente el tema más dramático de “IV”. No solo fue elegido como segundo adelanto del álbum, sino que su concepto lírico se aleja de la imaginería apocalíptica más general para entrar en un terreno mucho más humano y perturbador. La canción presenta la perspectiva de un niño atrapado en un entorno de crueldad y buscando protección maternal. Lo verdaderamente inquietante, según la presentación del propio lanzamiento, no es únicamente la violencia, sino la indiferencia ante ella. Musicalmente, Bloody Falls utiliza una aproximación más pesada y opresiva. El ritmo es menos acelerado y deja que el peso de las guitarras tenga mayor protagonismo. Los estribillos resultan especialmente contundentes porque introducen una dimensión casi desesperada dentro de la agresividad general. La estructura funciona precisamente por contraste. Las partes más violentas adquieren mayor significado cuando aparecen después de secciones más contenidas. El grupo no necesita acelerar constantemente para transmitir brutalidad: en este caso, la lentitud relativa aumenta la sensación de encierro.

La producción también beneficia al tema. El bajo y la batería tienen suficiente presencia como para que el riff se sienta pesado, mientras las guitarras conservan ese componente melódico que impide que la canción se convierta en una masa sonora indistinta.

“Mother, Your Son Is Bleeding” es uno de los momentos en los que “IV” demuestra que detrás de su agresividad existe una intención narrativa. Es una canción desagradable en el mejor sentido posible: no busca simplemente entretener, sino generar incomodidad. Después de la atmósfera opresiva de “Mother, Your Son Is Bleeding”, “Wrath” supone una descarga inmediata. El propio título ya anuncia su contenido: ira, violencia y furia. La canción recupera la velocidad y añade incluso una cierta dimensión técnica. Las guitarras se muestran más inquietas, mientras la batería introduce cambios que hacen que el tema tenga un carácter especialmente nervioso.

Sin embargo, el elemento más destacable es probablemente la parte final. La moshpart proporciona un cierre contundente y muy físico, convirtiendo la canción en uno de los cortes que más claramente parecen diseñados para el directo. Acta Infernalis destaca precisamente esa sección final como uno de los momentos más efectivos del tema. “Wrath” no intenta ser una composición sofisticada. Su misión es transmitir furia. Y en ese aspecto funciona. El tema concentra en poco más de cuatro minutos una gran cantidad de energía y consigue que la segunda mitad del álbum no pierda intensidad. También resulta interesante su posición. Después de la tristeza y opresión de “Mother, Your Son Is Bleeding”, la rabia de “Wrath” puede entenderse casi como una reacción. El sufrimiento se convierte en violencia, y esa violencia desemboca posteriormente en el tono más melancólico de “Enter The Mourn”.

“Enter The Mourn” introduce uno de los cambios emocionales más interesantes del álbum. Después de la furia de “Wrath”, Bloody Falls vuelve a una atmósfera más dolorosa y melancólica.

No significa que la agresividad desaparezca. Los riffs siguen siendo contundentes y la batería conserva el peso característico del grupo. Lo que cambia es la manera en que se utiliza esa agresividad. Aquí parece existir una intención más emocional. Las partes directas contrastan con determinados pasajes más hipnóticos, creando una canción que avanza entre la violencia y la tristeza. Acta Infernalis destaca precisamente esa mezcla entre secciones directas y momentos más envolventes. La melodía desempeña un papel especialmente importante. En lugar de limitarse a acompañar los riffs, funciona como vehículo emocional. Las guitarras transmiten una sensación de pérdida que se encuentra ausente en los primeros temas del álbum. “Enter The Mourn” es, por ello, una canción de transición. No pretende competir con “Wrath” en velocidad ni con “The Four” en importancia conceptual. Su función es preparar emocionalmente al oyente para los dos últimos y más largos capítulos del disco.

Con “Before The Alpha”, Bloody Falls vuelve a adoptar una actitud marcial. La canción tiene una sensación de marcha, de avance inevitable, que encaja especialmente bien con el carácter apocalíptico de “IV”. Los riffs son pesados y las voces vuelven a adquirir un carácter agresivo. Al mismo tiempo, el grupo recupera el groove que ha sido uno de los elementos fundamentales del álbum. Hay momentos especialmente contundentes en los que la batería y las guitarras trabajan como una única unidad. La estructura vuelve a combinar velocidad y groove. Es también uno de los temas donde pueden encontrarse algunas de las características que han provocado críticas de cierta monotonía en el álbum.

La interpretación vocal vuelve a ser esencial. Hakala mantiene una intensidad constante que se adapta perfectamente a la instrumentación. El tema transmite la sensación de estar ante algo que inevitablemente va a ocurrir, una idea que conecta con el propio título: “antes del alfa”, como si estuviéramos asistiendo al instante inmediatamente anterior a un acontecimiento definitivo. La canción funciona así como una especie de preparación para el desenlace. Todo lo que se ha ido acumulando durante el disco parece conducir hacia el último tema.

“Black Death”, es la composición más larga de “IV” y también una de las más ambiciosas. Como cierre, tiene la responsabilidad de reunir buena parte de las características desarrolladas durante las diez canciones anteriores. El comienzo introduce un cierto respiro antes de que el grupo vuelva a soltar toda la tensión acumulada. Esta decisión es fundamental: después de un álbum tan agresivo, el último tema necesitaba algún tipo de contraste para que la explosión final tuviera significado. Las partes más melancólicas son especialmente importantes. Una reseña publicada en Metal Archives destaca precisamente la presencia de pasajes limpios de carácter triste y melancólico, que posteriormente desembocan en secciones más thrash, groove, tremolo y finalmente en un solo melódico. “Black Death” es, por tanto, probablemente la canción más completa del disco. Tiene atmósfera, melodía, velocidad, groove, agresividad y un componente casi cinematográfico. Los sintetizadores también aportan una textura diferente, mientras las guitarras desarrollan algunas de las armonías más memorables del álbum. El contraste entre los pasajes pausados y las explosiones de velocidad está especialmente bien planteado. La canción no se limita a ser una repetición de los recursos anteriores, sino que los reorganiza para crear una sensación de desenlace.

El final adopta un carácter casi apocalíptico, lo que resulta completamente apropiado para un disco cuya imaginería está relacionada con los Cuatro Jinetes. La canción termina dejando la impresión de que el ciclo no ha sido cerrado realmente, sino que simplemente ha llegado a su culminación.

El mayor mérito de Bloody Falls consiste en haber conseguido que todos estos temas pertenezcan claramente al mismo universo. No hay canciones que parezcan completamente ajenas al resto. El problema potencial es justamente el contrario: la cohesión es tan fuerte que determinados recursos se repiten con frecuencia. Una parte de la crítica ha considerado que algunas canciones permanecen demasiado tiempo dentro de sus estructuras y que el disco pierde algo de fuerza hacia el final. Sin embargo, otra lectura posible es que esa repetición forma parte deliberada de la filosofía de “IV”. Bloody Falls no pretende construir un álbum de grandes sorpresas, sino una obra de presión constante. El propio grupo ha explicado que quería hacer un trabajo más agresivo, más compacto y centrado que sus lanzamientos anteriores, eliminando buena parte de los momentos lentos y experimentales para conseguir una escritura más enfocada. Por eso IV funciona mejor cuando se entiende como un álbum de impacto físico. Sus riffs están construidos para ser sentidos; sus baterías para provocar movimiento; sus melodías para introducir oscuridad dentro de la violencia; y sus voces para mantener una sensación permanente de amenaza. La variedad existe, pero está subordinada a una identidad común.

En ese sentido, “Black Death” representa un cierre especialmente apropiado. Después de casi una hora de groove, death metal melódico, momentos de black y thrash, aceleraciones, moshparts, melodías sombrías y atmósferas apocalípticas, Bloody Falls termina donde parecía inevitable que terminara: en la oscuridad. 

Nota: 9/10

Misfits Salenek

Listado de temas:

1. By My Own Grave

2. Pestilence Is All I Need

3. I Am the Devil

4. The Four

5. Doomed to Repeat

6. The Churn

7. Mother, Your Son Is Bleeding

8. Wrath

9. Enter the Mourn

10. Before the Alpha

11. Black Death 

Bloody Falls son:

Mika Lehtinen - Bajo

Rami Vartiainen - Batería

Stavros Mathios - Guitarras

Marko Mäkinen - Guitarras

Antero Hakala - Voz  

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