Aut Omnia, Aut Nihil es el primer disco de los sevillanos Exsilyum, un disco donde la experiencia se convierte en identidad. Detrás de este proyecto no encontramos a una formación recién llegada al mundo de la música, sino a dos intérpretes con décadas de experiencia profesional que, después de una larga trayectoria trabajando para otros artistas, decidieron situarse finalmente al frente de una propuesta propia.
Exsilyum está formado
por Solarys Rey y Akyles Guerrero, dos músicos vinculados desde hace
aproximadamente veinticinco años al mundo de la interpretación, la enseñanza y
el trabajo como músicos de sesión. Esa experiencia previa resulta determinante
a la hora de acercarse a “Aut Omnia Aut Nihil”, porque estamos ante un debut
que difícilmente puede calificarse de ingenuo o primerizo. El álbum presenta
desde el principio una personalidad sonora ambiciosa y una producción que
demuestra un conocimiento considerable de los recursos disponibles en el metal
contemporáneo
La historia de Exsilyum comienza precisamente
con esa necesidad de cambiar de posición dentro de la industria musical.
Después de años interpretando composiciones ajenas y acompañando proyectos de
terceros, Solarys Rey y Akyles Guerrero decidieron que había llegado el momento
de transformar sus propias vivencias en canciones. De ese impulso surge una
banda cuya propuesta ha sido definida por sus propios integrantes como “metal
existencial”, una denominación que permite comprender mejor el contenido del proyecto
que cualquier etiqueta puramente estilística. Porque Exsilyum no parece
interesado en encerrarse en una categoría concreta. “Aut Omnia Aut Nihil” se
mueve por diferentes territorios del metal moderno y combina elementos de
metalcore, metal melódico, metal sinfónico y metal alternativo con pasajes
atmosféricos, electrónica, arreglos orquestales y determinados detalles
relacionados con la tradición musical andaluza. El resultado es un álbum
difícil de encasillar, pero precisamente ahí reside buena parte de su
personalidad.
El título, “Aut Omnia Aut Nihil”, significa
“Todo o Nada”. No es una elección casual ni un simple recurso de estética
latina. La expresión resume perfectamente el espíritu con el que nace el
proyecto: si después de tantos años iban a crear una banda propia, la intención
era hacerlo sin reservas. Esa filosofía se traslada también a la música.
Exsilyum no apuesta por un debut minimalista ni por una fórmula sencilla. Al
contrario, coloca sobre la mesa una cantidad considerable de recursos y
demuestra desde el primer momento que existe una clara voluntad de construir un
universo propio.
Uno de los aspectos más interesantes del
álbum se encuentra en su proceso de composición. Las canciones no fueron
concebidas siguiendo necesariamente el método tradicional de terminar primero
todos los temas y entrar posteriormente en el estudio para registrarlos. Parte
del material fue desarrollándose durante las propias sesiones de grabación. Las
ideas llegaban al estudio, se probaban diferentes arreglos, se experimentaba
con estructuras y posteriormente el material regresaba a casa para ser
escuchado con cierta distancia. Después volvía al estudio con modificaciones y
nuevas posibilidades.
Ese procedimiento tuvo una consecuencia
directa: el álbum fue creciendo y transformándose durante un periodo
considerable. Exsilyum trabajó aproximadamente dos años en la composición y
cerca de otro año en el estudio. El volumen de material generado durante ese
proceso fue enorme, hasta el punto de que decenas de canciones quedaron
finalmente fuera del repertorio seleccionado para el álbum. El resultado final
es un disco de doce temas que, lejos de transmitir la sensación de una
colección improvisada, parece producto de un proceso de selección y depuración
bastante amplio.
La producción adquiere por ello una
importancia fundamental. “Aut Omnia Aut Nihil” no está planteado como una
simple fotografía de una banda tocando en directo dentro de un estudio. Aquí el
estudio se convierte en una herramienta creativa más. Las capas instrumentales,
los ambientes, las programaciones, las orquestaciones y el tratamiento de las
voces forman parte de la propia construcción de las canciones.
Akyles Guerrero participa de manera especialmente activa en este apartado, mientras Leo Peña, desde Jotun Studio, aparece ligado a las labores de grabación, edición y masterización. La combinación entre músicos con una visión muy definida y un trabajo técnico orientado a las posibilidades del metal actual permite conseguir un sonido amplio, contundente y detallista.
La portada de “Aut Omnia Aut Nihil”, primer álbum de Exsilyum, funciona como una prolongación visual bastante coherente del concepto que plantea el propio título: “Todo o Nada”. Lejos de recurrir a una estética habitual dentro del metal basada en figuras oscuras, criaturas, escenarios apocalípticos o composiciones recargadas, Exsilyum opta por una imagen mucho más limpia, atmosférica y simbólica. El resultado es una portada que apuesta por la sugerencia antes que por la representación directa y que, precisamente por su aparente sencillez, ofrece diferentes elementos susceptibles de interpretación. El primer impacto procede de la combinación cromática. Predominan los blancos, grises y tonos ligeramente dorados, construyendo una atmósfera nebulosa que parece situarnos frente a un cielo cubierto de nubes.
En el centro aparece una intensa fuente de luz cálida que
rompe la uniformidad de la imagen. La elección de esta luminosidad resulta
especialmente significativa: no se trata de un fondo completamente oscuro del
que emerge una pequeña fuente de esperanza, sino de una composición en la que
la luz ocupa una posición central y termina imponiéndose sobre la niebla. Visualmente,
esa luz puede interpretarse como un punto de transformación. El disco habla de
experiencias personales, conflictos, pérdidas, decisiones y procesos
emocionales, por lo que la imagen de una luminosidad que atraviesa las nubes
encaja con la idea de atravesar una etapa complicada para alcanzar otro estado.
La portada no explica una historia concreta, pero plantea una atmósfera que
permite relacionarla con esa dimensión introspectiva del álbum. El elemento más
llamativo, sin embargo, es el símbolo central. Dos formas circulares y
semicirculares se superponen alrededor de la zona luminosa, atravesadas por una
línea horizontal que cruza prácticamente toda la composición. Es un recurso
gráfico extremadamente sencillo, pero adquiere una importancia enorme porque se
convierte en el verdadero identificador visual de Exsilyum.
Las formas recuerdan inmediatamente a fases lunares, eclipses o a la representación gráfica de dos cuerpos celestes que coinciden parcialmente. También pueden entenderse como dos realidades que se encuentran, dos fuerzas contrapuestas o dos estados que conviven en un mismo espacio. Esa ambigüedad juega a favor de la portada: no obliga al espectador a aceptar una interpretación única. Además, el símbolo establece una interesante relación con el propio nombre de la banda. Exsilyum aparece en la parte superior, mientras que el emblema central funciona casi como una firma visual. La utilización de las formas circulares dentro de la propia identidad gráfica refuerza la idea de ciclo, dualidad y transformación.
Es una imagen que puede relacionarse tanto con lo espiritual como con lo astronómico, pero sin quedar encerrada completamente en ninguno de esos territorios. Otro acierto es la utilización del espacio negativo. Gran parte de la portada está ocupada por una superficie nebulosa y relativamente vacía. No hay personajes, edificios, paisajes definidos ni objetos que distraigan la atención. Todo conduce hacia el símbolo central. Esta economía visual resulta particularmente efectiva en un contexto musical como el metal, donde las portadas suelen apostar por una gran cantidad de información visual. Aquí ocurre lo contrario: la ausencia de elementos termina convirtiéndose en uno de los elementos principales. La tipografía también desempeña un papel importante. El nombre EXSILYUM aparece en mayúsculas, con un espaciado considerable entre las letras y una tipografía de apariencia elegante y sobria. No hay una fuente agresiva ni excesivamente ornamentada.
Esto refuerza la dimensión más conceptual de la banda. El espacio
entre las letras genera además una sensación de amplitud. El nombre parece
suspendido sobre la imagen, casi como si formara parte del propio cielo.
Debajo, el título “Aut Omnia Aut Nihil” mantiene exactamente esa filosofía de
sobriedad: mayúsculas, separación generosa entre caracteres y ausencia de
elementos decorativos innecesarios. Es una elección especialmente acertada
porque permite que el título conserve importancia sin competir con el símbolo
central. La portada tiene, por tanto, tres niveles claramente diferenciados: el
nombre de la banda arriba, el símbolo en el centro y el título abajo. Esta
estructura genera equilibrio y facilita que la imagen sea reconocible incluso a
tamaño reducido.
Y asi en ese sentido para descubrir las conexiones existentes entre sus diferentes capítulos, “Aut Omnia Aut Nihil”, con este primer trabajo nos lleva hacia ese metal contemporáneo como punto de partida para construir un discurso mucho más amplio, en el que conviven contundencia, melodía, dramatismo, electrónica, arreglos orquestales y determinados elementos vinculados a las raíces andaluzas de sus integrantes. La mejor manera de acercarse a él es respetando su orden, y es lo que vamos a respetar para reseñar su trabajo, “Aut Omnia Aut Nihil” la canción que da título al álbum tiene la responsabilidad de abrir las puertas del universo Exsilyum y lo hace con una clara vocación cinematográfica. Desde los primeros compases se percibe que la banda no pretende realizar una presentación sencilla. Hay una intención evidente de crear atmósfera antes de que la maquinaria instrumental termine de desplegarse.
El tema establece además una de las principales características del disco: el contraste. La contundencia de las guitarras convive con pasajes más contenidos y con una voz que se mueve entre diferentes registros. Solarys Rey aparece desde el principio como el centro alrededor del cual se construye la canción, mientras Akyles Guerrero plantea una base rítmica que permite que los distintos elementos entren y salgan de la mezcla con bastante naturalidad. El título funciona aquí como declaración de intenciones. “Todo o Nada” no es solamente el nombre del álbum, sino una filosofía que parece aplicarse también a la composición. Exsilyum no escatima recursos y presenta desde el primer minuto una producción de grandes dimensiones.
“Herencia de Silencio” supone un paso más hacia el terreno oscuro y contundente. La canción incrementa la sensación de peso que había comenzado a construirse en el primer corte y demuestra que Exsilyum no pretende convertir la melodía en una excusa para suavizar su propuesta. Aquí las guitarras adquieren un papel particularmente importante. Los riffs tienen suficiente profundidad para proporcionar el músculo necesario, pero el conjunto mantiene una dimensión melódica que evita que el tema se convierta en una sucesión de golpes instrumentales. La voz vuelve a funcionar como elemento narrativo. Solarys no interpreta las canciones desde una única perspectiva vocal, sino que adapta el registro a las necesidades de cada composición. Esta versatilidad resulta fundamental para que el disco pueda moverse posteriormente hacia terrenos mucho más delicados sin que parezca que estamos ante dos bandas diferentes. “Herencia de Silencio” es, además, uno de los temas que ayudan a comprender la vertiente más moderna del grupo. La producción tiene una clara vocación contemporánea y la batería proporciona una base contundente que permite a las guitarras trabajar tanto el peso como la melodía.
Llegamos aquí a una de las primeras grandes sorpresas del álbum en “Conflicto” cuenta con la participación de José Pardial, vocalista de Avalanch, y su presencia no responde al típico esquema de colaboración en el que un cantante invitado aparece durante unos segundos para añadir un color diferente. Aquí la colaboración tiene una función dramática. Las voces de Solarys Rey y José Pardial parecen enfrentarse, convirtiendo el tema en una especie de diálogo cargado de tensión. La canción se beneficia enormemente de ese contraste entre registros y personalidades. Exsilyum evita además el habitual planteamiento de “voz femenina frente a voz masculina” entendido como simple recurso estético. Lo que existe aquí es una auténtica confrontación interpretativa. La historia de esta colaboración también resulta interesante. Según explicó la banda, el contacto entre José Pardial y Solarys surgió después de un concierto de Avalanch en Córdoba y posteriormente se planteó la posibilidad de trabajar juntos. Inicialmente se pensó en otra canción, pero finalmente “Conflicto” resultó ser el escenario adecuado para unir ambas voces. Musicalmente, el corte está entre los más contundentes del álbum. Las guitarras adquieren una presencia especialmente agresiva y el solo introduce uno de esos momentos de virtuosismo que aparecen repartidos por todo el disco. La participación de Álvaro Ruiz en las guitarras también contribuye a elevar el componente instrumental del tema.
Después de la contundencia de “Conflicto”, “La Espera” introduce uno de los primeros cambios significativos de dinámica. El álbum comienza a respirar de otra manera. Aquí Exsilyum se acerca a terrenos más atmosféricos y melancólicos. La canción no renuncia al peso instrumental, pero lo utiliza de una forma diferente. El espacio y la tensión adquieren tanta importancia como la propia distorsión. La interpretación de Solarys vuelve a ser protagonista. Hay una dimensión casi teatral en su manera de abordar determinados pasajes, como si la canción estuviera construida alrededor de diferentes escenas emocionales. Esa sensación se ve reforzada por la guitarra, que aparece en momentos puntuales para aumentar la tensión. Álvaro Ruiz participa también en este corte, y su trabajo vuelve a tener peso dentro de una producción en la que las guitarras no están concebidas únicamente como acompañamiento de la voz.
“Mentira” es probablemente la canción que mejor cumple la función de puerta de entrada al álbum. No resulta extraño que fuese escogida como primer single: posee un estribillo directo, una estructura fácilmente reconocible y una energía inmediata. La propia banda explicó que buscaba precisamente una canción que permitiera a alguien que todavía no conocía Exsilyum entrar rápidamente en su universo. Musicalmente, el tema se mueve entre el metalcore y el metal alternativo. Las guitarras pasan de secciones más contenidas a otras mucho más contundentes, mientras la batería aporta una pegada considerable. Pero lo que termina convirtiendo “Mentira” en una canción especialmente efectiva es la combinación entre accesibilidad y agresividad. Exsilyum no necesita simplificar completamente su propuesta para conseguir un tema inmediato. También resulta interesante observarla después de haber escuchado las cuatro canciones anteriores. Como single aislado funciona perfectamente, pero dentro del álbum adquiere otro significado: es una especie de resumen de la vertiente más directa de la banda.
Si existe una canción capaz de cambiar completamente el ambiente del álbum, es “Y Ahora Qué?”. La colaboración de Anthony Castle adquiere aquí una dimensión especialmente personal, ya que se trata del hijo de Solarys Rey. La propia banda ha explicado que esa relación familiar fue determinante para decidir que ambos compartieran la interpretación. El piano ocupa el centro de la composición y sustituye buena parte de la contundencia instrumental que había dominado los primeros capítulos del disco. Las cuerdas contribuyen a generar una atmósfera íntima y profundamente emocional. Aquí la técnica queda en segundo plano. Solarys ha reconocido que esta fue probablemente la canción más complicada del álbum desde el punto de vista emocional. No por su dificultad vocal, sino por la carga personal de aquello que estaba interpretando. Durante la grabación hubo momentos en los que la emoción llegó a interrumpir las tomas. Ese componente emocional se percibe en el resultado final. La canción funciona porque no intenta ocultar su fragilidad detrás de una producción excesivamente grandilocuente. La aparición de Anthony Castle tampoco parece un simple recurso para incorporar una voz adicional. La relación entre ambos proporciona a la canción un significado que difícilmente podría conseguirse mediante una colaboración elegida únicamente por criterios musicales.
Después del paréntesis emocional anterior, “Fuego Bajo la Piel” vuelve a colocar al oyente frente a una banda mucho más contundente. La canción representa una de las facetas más reconocibles del metal contemporáneo de Exsilyum. Hay riffs pesados, una base rítmica firme y un estribillo que busca combinar impacto con melodía. La mezcla entre dramatismo y músculo instrumental permite establecer conexiones con diferentes generaciones del metal español y europeo. Algunas reseñas han señalado incluso ecos de Medina Azahara y Trivium al describir el tipo de combinación que aparece en este tramo del álbum. Pero más allá de las referencias, la canción funciona porque recupera la tensión después de “Y Ahora Qué?”. Es un regreso deliberadamente físico al metal. Solarys vuelve a utilizar diferentes registros y Akyles Guerrero mantiene una batería que no se limita a marcar el tiempo, sino que ayuda a crear las subidas y bajadas de intensidad.
El segundo single del álbum confirma que “Mentira” no había sido una excepción. Exsilyum vuelve a demostrar aquí su capacidad para construir canciones accesibles sin renunciar a la personalidad. “El Amor También Se Rompe” se apoya en una temática emocional que, lejos de recurrir a una visión romántica convencional, pone el foco en las consecuencias que deja una ruptura. Esa perspectiva proporciona a la canción un componente especialmente doloroso. Musicalmente, el grupo vuelve a combinar metalcore, melodía y una producción de dimensiones épicas. La canción se mueve entre momentos contenidos y secciones mucho más intensas, consiguiendo que el estribillo tenga una fuerza considerable. Aquí destaca especialmente el trabajo de guitarra de Álvaro Ruiz, cuyo solo contribuye a cerrar la canción con una dimensión instrumental que evita que todo el peso recaiga exclusivamente sobre la voz. Ruiz también participa en “Conflicto”, “Ríndeme”, “Caer” y “La Espera”, formando parte importante del componente guitarrístico del álbum. La elección como segundo single también tiene sentido desde una perspectiva editorial. Si “Mentira” mostraba la faceta más agresiva de Exsilyum, “El Amor También Se Rompe” enseñaba que detrás de esa potencia había un proyecto mucho más preocupado por las emociones.
“Clarividencia” introduce otro cambio de color. La canción se aproxima al territorio de la balada épica sin abandonar completamente la identidad metálica de la banda. Es uno de esos momentos en los que la dinámica vuelve a desempeñar un papel esencial. En lugar de intentar mantener permanentemente el nivel de intensidad, Exsilyum permite que la canción se desarrolle con mayor amplitud. La voz de Solarys encuentra aquí un espacio especialmente adecuado para mostrar su vertiente melódica. Después de haber utilizado registros mucho más agresivos, la cantante puede construir la canción desde la expresividad. La composición funciona también como puente hacia el tramo final del álbum. La sensación es la de estar entrando en una última etapa del viaje, donde las canciones comienzan a adquirir un tono más reflexivo antes de regresar al dramatismo.
Con “Absentia” regresan las sombras. El tema recupera elementos relacionados con el metal sinfónico europeo y añade pinceladas electrónicas que amplían la dimensión de la producción. Aquí se percibe especialmente bien el interés de Exsilyum por combinar herramientas procedentes de diferentes corrientes del metal contemporáneo. La canción tiene un carácter más oscuro que “Clarividencia” y funciona como una especie de recuperación de la tensión antes de llegar a los dos últimos capítulos. Las capas electrónicas no están utilizadas como simple decoración. Sirven para ampliar el espacio sonoro y crear una sensación más envolvente. También aquí aparece uno de los rasgos habituales del disco: la voz mantiene el protagonismo, pero las guitarras y los elementos atmosféricos generan una especie de segunda narrativa por debajo de ella.
“Ríndeme” es uno de los grandes despliegues de producción de “Aut Omnia Aut Nihil”. Aquí Exsilyum vuelve a apostar por la máxima amplitud. Los arreglos orquestales adquieren especial relevancia y la canción parece construirse progresivamente hasta alcanzar una resolución de grandes dimensiones. Akyles Guerrero ha explicado que este tema fue especialmente complejo desde el punto de vista de la producción debido a la cantidad de capas y arreglos presentes. En este tipo de composiciones, el reto consiste precisamente en conseguir que todos los elementos tengan espacio sin terminar convirtiéndose en una masa sonora. La participación de Álvaro Ruiz vuelve a resultar importante en el apartado de guitarra. El instrumento aparece integrado dentro de una producción muy amplia y finalmente adquiere protagonismo con un solo que sirve como culminación.
El último capítulo es también el más extenso. “Caer” supera los siete minutos y, por duración y estructura, funciona como una auténtica pieza de cierre. Después de once canciones en las que Exsilyum ha pasado por prácticamente todos los registros de su repertorio, “Caer” tiene la difícil misión de poner punto final sin limitarse a repetir fórmulas anteriores. La canción utiliza el tiempo a su favor. No parece tener prisa por llegar a una resolución y permite que los diferentes elementos vayan apareciendo progresivamente. Las guitarras vuelven a tener un papel importante y Álvaro Ruiz participa también en este corte. Más que terminar con una explosión inmediata, “Caer” funciona como una especie de conclusión del recorrido. Después de haber atravesado la rabia, el conflicto, la pérdida, la ruptura, la introspección y la épica, el disco necesita un cierre que recoja parte de esas sensaciones. Es una canción que recompensa especialmente la escucha completa del álbum. Escuchada de forma aislada puede parecer una composición extensa y ambiciosa; colocada después de los once cortes anteriores, adquiere una dimensión narrativa mucho más clara.
Hay que tener en cuenta de este disco, las dos colaboraciones vocales de “Aut Omnia Aut Nihil” están muy bien diferenciadas y, precisamente por eso, resultan interesantes. José Pardial aparece en “Conflicto” y aporta una dimensión de enfrentamiento vocal. Su participación aumenta la tensión de una canción que ya estaba construida alrededor del choque. No se limita a introducir una voz reconocible del metal español, sino que participa activamente en la narrativa del tema. Anthony Castle, en cambio, aparece en “Y Ahora Qué?” desde un lugar completamente diferente. Su relación familiar con Solarys convierte la colaboración en una parte inseparable del contenido emocional de la canción. La participación no responde únicamente a una decisión musical, sino a una conexión personal.
Aparte de estas colaboraciones vocales hay que sumar el trabajo de Álvaro Ruiz en las guitarras. Su presencia se extiende por varios de los momentos instrumentales más destacados del álbum: “Conflicto”, “La Espera”, “El Amor También Se Rompe”, “Ríndeme” y “Caer”. Esta aportación resulta especialmente relevante porque permite que el disco tenga un componente guitarrístico muy desarrollado sin restar protagonismo al binomio formado por Solarys y Akyles.
“Aut Omnia Aut Nihil” es un debut que apuesta por la amplitud antes que por la comodidad. Exsilyum podría haber escogido un único camino y explotarlo durante doce canciones, pero ha optado por presentar todas las caras de su identidad en una misma obra.
La voz de Solarys Rey actúa como hilo conductor, mientras la producción y la batería de Akyles Guerrero proporcionan el armazón sobre el que se desarrollan unas composiciones que incorporan guitarras de gran peso, electrónica, arreglos orquestales y elementos de diferentes ramas del metal contemporáneo.
Y en el apartado instrumental, Álvaro Ruiz aporta una presencia guitarrística significativa en varios de los cortes más complejos del álbum.
Quizá el principal riesgo de “Aut Omnia Aut Nihil” sea precisamente su ambición. Hay momentos en los que Exsilyum parece querer introducir más ideas de las que una canción necesita y determinadas composiciones podrían haber profundizado todavía más en algunas de sus posibilidades. Pero esa misma inquietud es la que hace que el disco no resulte predecible.
No estamos ante un álbum construido para demostrar que una banda puede tocar metal. Estamos ante una obra que intenta utilizar el metal para hablar de experiencias personales, pérdidas, conflictos, relaciones y decisiones vitales.
Nota: 9/10
Misfits Salenek
Listado de temas:
1 Aut Omnia Aut Nihil
2 Herencia De Silencio
3 Conflicto (colaboración de José Pardial)
4 La Espera
5 Mentira
6 Y Ahora Qué? (colaboración de Anthony Castle)
7 Fuego Bajo La Piel
8 El Amor También Se Rompe
9 Clarividencia
10 Absentia
11 Ríndeme
12 Caer
EXSILYUM son:
SOLARYS REY y AKYLES GUERRERO


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