viernes, 23 de octubre de 2026

Critica a DÜNEDAIN · “Érase” (Autoeditado)

 

Érase es el sexto álbum de estudio de Dünedain, que es una de las formaciones más reconocibles del heavy y power metal melódico español de las últimas décadas. Originarios de Madrigal de las Altas Torres, en Ávila, el grupo comenzó su trayectoria en 1996 alrededor de Tony Delgado, figura fundamental en la composición y evolución de la banda.

En sus primeros años, Dünedain fue desarrollando su propuesta a partir del heavy metal tradicional, el power metal y una marcada preocupación por las melodías, las armonías vocales y las estructuras accesibles. Después de una primera etapa dedicada a los ensayos, las versiones y la creación de material propio, la banda publicó en 2004 una primera grabación homónima que funcionó como una declaración de intenciones y que alcanzó una repercusión notable dentro del circuito underground español. Aquel trabajo fue además determinante para que Dünedain comenzara a llamar la atención fuera de su entorno inmediato.

El siguiente paso importante llegó con “La luz de mi oscuridad”, publicado en 2007 y considerado el primer álbum oficial de la formación. El disco permitió comprobar que Dünedain tenía una identidad que iba más allá del simple revival del heavy metal clásico. Las guitarras, las melodías vocales y el componente épico del power metal se combinaban con canciones de estructuras relativamente directas, dando forma a un estilo reconocible. En 2009 llegaría “Buscando el norte”, dividido posteriormente en dos entregas, una etapa que terminó de consolidar el sonido del grupo y su presencia dentro de la escena española. La banda fue construyendo desde entonces una relación especialmente estrecha con el público del heavy metal nacional, gracias tanto a sus discos como a una importante actividad en directo.

“Mágica”, publicado en 2012, supuso otro punto de inflexión. El grupo amplió su presencia en grandes escenarios y festivales y comenzó a ser identificado definitivamente con una determinada forma de entender el power metal en castellano: guitarras potentes, solos melódicos, estribillos muy trabajados, velocidad cuando la canción lo exige y una especial atención a las voces. La producción de aquel periodo también fue importante para establecer una línea sonora que posteriormente continuaría desarrollándose. En años posteriores Dünedain fue experimentando diferentes configuraciones de su formación, mientras Tony Delgado mantenía un papel central en la composición. La llegada de Carlos Sanz a las voces permitió además desarrollar uno de los rasgos más característicos de la etapa moderna del grupo: el contraste y la combinación de dos voces principales.

Con “Pandemonium”, publicado en 2016, Dünedain presentó una formación de cinco integrantes y profundizó en esa combinación vocal. El disco reforzó el carácter melódico y virtuoso de la banda y confirmó que el grupo podía mantener sus señas de identidad al mismo tiempo que ampliaba sus recursos compositivos. Tres años después apareció “Memento Mori”, un álbum especialmente importante dentro de su trayectoria y que consolidó la colaboración con Dan Díez. Grabado y producido dentro del entorno de Rock Lab, el trabajo mostró un sonido contundente, moderno y muy definido, sin abandonar las raíces del heavy y el power metal. La actividad posterior quedó marcada por una larga espera hasta el siguiente trabajo de estudio, circunstancia que hizo que Érase llegara con una expectación considerable entre sus seguidores.

“Érase” representa precisamente el regreso de Dünedain después de seis años sin publicar un nuevo álbum de estudio. El disco apareció en 2025 y constituye el sexto álbum de estudio de la banda según su propia discografía oficial. La publicación definitiva se produjo el 7 de noviembre de 2025, en formatos digital, CD y vinilo, después de que durante los meses anteriores se fueran presentando algunos de sus temas como adelanto. El álbum está compuesto por nueve canciones y presenta una duración cercana a los cuarenta minutos, una extensión que permite al grupo desarrollar sus ideas sin caer en un trabajo excesivamente largo.

Desde el primer momento, “Érase” se plantea como una continuación natural de la identidad de Dünedain, aunque con una producción más ambiciosa y una intención sonora claramente orientada hacia un acabado internacional. La propia banda ha definido el álbum como un paso adelante hacia un sonido más maduro, internacional y ambicioso, y esa intención se aprecia especialmente en la manera en que las guitarras, la batería y las voces ocupan el espacio de la mezcla. No se trata de una ruptura con lo realizado anteriormente, sino de una evolución de los elementos que han caracterizado al grupo durante buena parte de su trayectoria: power metal melódico, heavy metal tradicional, estribillos de fácil identificación, cambios de dinámica y una utilización muy importante de las voces como elemento protagonista.

Uno de los aspectos más interesantes de “Érase” se encuentra precisamente en su proceso de grabación. El álbum fue registrado entre los estudios Sonido XXI y Rock Lab, dos espacios con una amplia relación con el rock y el metal español. La batería fue registrada en Sonido XXI, mientras que el trabajo de producción, grabación y mezcla se desarrolló en colaboración con Dan Díez, músico y productor estrechamente vinculado a Tierra Santa y una figura que ya conocía perfectamente la manera de trabajar de Dünedain. La elección de Dan Díez no es casual: su colaboración con la banda viene de años anteriores y su conocimiento del sonido del grupo permite que Érase conserve la personalidad de Dünedain al mismo tiempo que incorpora una producción más actual.

El proceso creativo también refleja el método de trabajo de Tony Delgado. Según explicó el propio músico en una entrevista, normalmente parte de la composición musical, desarrolla después las letras y realiza una primera grabación en su estudio personal. A partir de ahí trabaja la preproducción junto a Dan Díez antes de entregar a cada integrante las diferentes partes de las canciones para su preparación. Este procedimiento ayuda a comprender por qué Érase presenta unas composiciones muy estructuradas y por qué cada instrumento parece tener una función concreta dentro de las canciones. No se trata simplemente de registrar en el estudio una serie de temas ensayados, sino de llegar a la grabación con una idea bastante definida de las voces, las guitarras, las bases rítmicas y los arreglos.

La producción y los arreglos de Érase aparecen acreditados a Tony Dünedain y Dan Díez, mientras que la grabación y las mezclas corresponden a Dan Díez. En la fase final del proceso intervino Leon Zervos en la masterización, un ingeniero con créditos en trabajos de artistas internacionales como Aerosmith, Iron Maiden y Muse. Esta participación supone un elemento importante dentro de la búsqueda de un acabado internacional que la banda había planteado desde el principio. La masterización no modifica la personalidad de las composiciones, pero contribuye a situar el resultado final dentro de los estándares sonoros de las producciones contemporáneas de metal.

La portada y el apartado visual también tienen una importancia especial. El artwork de Érase fue realizado por Marcos Rodríguez, artista relacionado con Mägo de Oz y responsable asimismo de la portada de Memento Mori. Su participación establece una continuidad estética entre ambos trabajos y permite que la identidad visual de Dünedain conserve una línea reconocible. En Érase, la imagen se apoya en una estética fantástica y simbólica que encaja con el carácter épico de la música, evitando al mismo tiempo que el apartado gráfico parezca desconectado de la tradición del grupo. Los créditos oficiales atribuyen a Marcos Rodríguez la portada y el artwork completo, incluyendo ilustración, fotomontaje y maquetación, mientras que la fotografía corresponde a Daniel Cruz.

El diseño visual, por tanto, cumple una función complementaria a la música. El propio título Érase remite inmediatamente a la idea de relato, memoria y comienzo, y la estética de la portada contribuye a crear esa sensación de universo propio. En un género como el power metal, donde la imagen tradicionalmente ha desempeñado un papel importante, Dünedain utiliza este recurso sin abandonar una identidad esencialmente ligada al heavy metal español. La portada de Marcos Rodríguez mantiene además una continuidad con el trabajo anterior, de modo que el regreso discográfico del grupo se presenta como una nueva página de una historia ya iniciada muchos años atrás.

Desde el primer vistazo, lo que domina la composición es el intenso color azul turquesa que envuelve prácticamente toda la escena. No se trata simplemente de un fondo decorativo, sino de un auténtico espacio fantástico en el que parecen mezclarse agua, viento, energía y movimiento. Las formas circulares que recorren la ilustración generan una sensación de espiral, como si todos los elementos estuvieran siendo arrastrados hacia un punto central, proporcionando a la portada una notable sensación de dinamismo. En el centro de la composición aparece una mujer de aspecto fantástico, representada con una estética cercana a la ilustración de fantasía clásica. Su cabello largo y plateado, su mirada dirigida hacia el espectador y el vestido azul oscuro la convierten en la principal figura humana de la portada. La elección del azul para su vestimenta establece además una conexión cromática directa con el entorno, haciendo que el personaje no parezca colocado artificialmente sobre el escenario, sino integrado en ese universo. 

El vestido, decorado con motivos ornamentales de inspiración medieval o fantástica, contribuye a reforzar la sensación de que estamos ante una historia, una leyenda o un relato imaginario, algo que conecta especialmente bien con el propio título del álbum, “Érase”. Uno de los elementos más llamativos es el búho que la mujer sostiene sobre su brazo. El animal aparece representado con gran detalle y ocupa una posición visual muy importante, prácticamente al mismo nivel que el rostro de la protagonista. El búho es una figura cargada tradicionalmente de significados asociados a la sabiduría, el conocimiento, la noche y el misterio, por lo que su presencia resulta especialmente apropiada en una portada donde también aparecen numerosos libros y hojas escritas. Sin necesidad de establecer una interpretación única, el conjunto permite relacionar al búho con la idea del conocimiento oculto, la memoria o la transmisión de una historia. Su mirada frontal, intensa y casi desafiante introduce además un contrapunto a la expresión más serena de la mujer. La presencia de los libros es otro de los grandes aciertos conceptuales de la ilustración.

En la parte inferior derecha aparecen numerosos volúmenes abiertos y páginas que parecen desprenderse y quedar suspendidas en el aire. También puede apreciarse un libro sujeto junto al cuerpo de la protagonista, cuya portada parece emitir una luz azulada. Estos elementos hacen que la imagen pueda interpretarse como una representación visual de un relato que cobra vida. El título “Érase” adquiere así una dimensión especialmente significativa: la portada parece mostrarnos el momento en que una historia abandona las páginas de un libro y se convierte en un mundo real. Las hojas que vuelan alrededor de la protagonista refuerzan esa impresión de que las palabras, los recuerdos y las historias están escapando de sus límites físicos.

También resulta significativa la presencia de las aves y criaturas que sobrevuelan el fondo. Entre las formas azuladas aparecen pequeñas figuras aladas, mientras que en la parte superior puede distinguirse una criatura de aspecto fantástico que contribuye a ampliar la escala del escenario. Estos detalles hacen que la portada no se limite a representar a un personaje central, sino que sugiera la existencia de un mundo mucho más amplio alrededor de él. La escena parece formar parte de una narración mayor, como si estuviéramos contemplando solamente un instante de una historia fantástica. La composición utiliza además una perspectiva muy particular. Las líneas curvas del fondo forman una especie de remolino que rodea a la protagonista y al búho, creando una estructura circular que conduce constantemente la mirada hacia el centro de la imagen. Esta sensación de movimiento se ve reforzada por las páginas que vuelan, las aves y las formas que atraviesan el cielo. El resultado es una portada visualmente muy dinámica, a pesar de que el personaje principal aparece en una posición relativamente estática. Esa combinación entre quietud y movimiento es uno de los aspectos que más personalidad aporta a la ilustración. El contraste cromático también desempeña un papel fundamental. 

El azul y el turquesa dominan casi toda la imagen y generan una atmósfera fría, misteriosa y ligeramente onírica. Frente a esa predominancia aparecen los tonos cálidos de las páginas de los libros, algunos detalles del vestuario y determinadas zonas de la iluminación. Esa oposición hace que los elementos relacionados con los libros destaquen especialmente y contribuye a establecer una conexión visual entre el mundo físico y ese universo fantástico de color azul. La iluminación que parece emanar del libro que lleva la protagonista añade además un componente casi mágico, como si el conocimiento contenido en sus páginas tuviera un poder propio. 

El logotipo de Dünedain aparece situado en la parte superior con una tipografía de inspiración fantástica y medieval. Su color claro permite que destaque claramente sobre el fondo azul sin romper la composición. El nombre de la banda ocupa una superficie considerable, como es habitual en las portadas de heavy metal, pero no llega a ocultar los elementos principales de la ilustración. En la esquina inferior derecha aparece el título Érase, escrito con una caligrafía manuscrita que contrasta con la tipografía utilizada para el nombre del grupo. Esta diferencia es especialmente apropiada porque el título parece funcionar casi como la firma de un cuento o el comienzo de una narración. Precisamente la palabra Érase resulta fundamental para comprender el concepto visual. Tradicionalmente, “érase” nos remite a las fórmulas de inicio de los cuentos, a ese “érase una vez” que abre la puerta a mundos imaginarios.

La portada parece desarrollar visualmente esa idea: una mujer, un búho, libros, páginas volando, criaturas fantásticas y un escenario imposible aparecen reunidos como si fueran los protagonistas de una historia que acaba de comenzar. Por eso la ilustración no funciona únicamente como acompañamiento gráfico del disco, sino como una representación bastante directa de la idea de relato que encierra su título. Desde una perspectiva puramente estética, la portada se encuentra muy próxima al imaginario habitual del power metal: fantasía, criaturas simbólicas, personajes femeninos, escenarios sobrenaturales, libros, animales asociados al misterio y una fuerte presencia de elementos épicos. Sin embargo, la utilización casi absoluta del azul le proporciona una personalidad diferente respecto a las portadas que recurren principalmente a rojos, negros, grises o tonos metálicos. Aquí la fantasía aparece envuelta en una atmósfera luminosa y acuática, más cercana a un sueño que a un escenario de batalla. Eso encaja con una propuesta musical como la de Dünedain, donde la épica convive habitualmente con melodías y componentes emocionales.

Y en lo que se refiere a lo musical, “Érase” comienza con “Oh Yeah!”, una declaración de intenciones que deja bastante claro desde los primeros compases qué Dünedain vamos a encontrar en este nuevo trabajo. Después de varios años sin un álbum de estudio, la banda decide no recurrir a una introducción atmosférica ni a una construcción progresiva para presentar su regreso, sino que entra directamente en materia con una canción de heavy metal enérgica, guitarrera y de marcado carácter himno. Con una duración de tres minutos y medio, es además uno de los cortes más breves del disco y funciona perfectamente como puerta de entrada a los casi cuarenta y cinco minutos de música que componen Érase. La canción se apoya en unos riffs afilados y contundentes, una batería que empuja constantemente y, sobre todo, unos coros que parecen pensados desde el principio para ser cantados por el público. La voz tiene aquí una función especialmente importante, porque Dünedain no busca únicamente transmitir potencia, sino establecer desde el comienzo ese diálogo entre las voces de Tony Delgado y Nano que será una de las características fundamentales del álbum. El resultado es directo, pegadizo y muy reconocible. Y uno de los singles del disco.

Después de ese comienzo contundente aparece “La misma canción” otro de los singles, siendo un tema que representa probablemente una de las expresiones más reconocibles del sonido tradicional de Dünedain. La canción ya había sido utilizada como adelanto antes de la publicación del álbum y su estructura deja claro por qué podía funcionar como carta de presentación. Hay en ella una combinación muy equilibrada entre contundencia y melodía, con unos riffs que no necesitan ser especialmente complejos para resultar efectivos y una línea vocal construida para desembocar en un estribillo de inmediata identificación. La gran protagonista es la interacción entre Tony Delgado y Nano. El contraste entre ambas voces proporciona amplitud a las estrofas y especialmente a los estribillos, donde el carácter melódico se convierte en uno de los principales atractivos del corte. 

El tercer corte es “Érase”, la canción que da título al álbum y, por tanto, una pieza que adquiere una importancia especial dentro del conjunto. Su planteamiento es diferente al de las dos canciones anteriores. En lugar de mantener una descarga constante, Dünedain introduce un desarrollo algo más pausado y solemne, permitiendo que las guitarras construyan una atmósfera más densa antes de que las voces adquieran todo el protagonismo. La canción tiene un carácter narrativo que encaja especialmente bien con su título y con la idea de comenzar un nuevo capítulo. No estamos ante un tema puramente acelerado, sino ante una composición que busca crear una sensación de amplitud. Las guitarras tienen un peso considerable y los cambios de intensidad permiten que las voces puedan adquirir diferentes registros. Tony y Nano se mueven entre registros potentes y agudos, mientras los coros contribuyen a darle al estribillo una dimensión épica. Es precisamente en este punto donde las opiniones críticas se dividen ligeramente. Para algunos oyentes, el carácter repetitivo del estribillo reduce algo el impacto del tema después de los dos primeros cortes; para otros, esa repetición es precisamente lo que le proporciona su carácter de himno. 

Con “Pandora” el álbum recupera buena parte de la velocidad y la agresividad que habían caracterizado el comienzo. Aquí aparece de manera especialmente evidente el lado más puramente power metal de Dünedain. El riff inicial ya establece una sensación de movimiento constante y la batería adquiere un papel protagonista, especialmente en los momentos de mayor aceleración. La canción está construida sobre una combinación muy efectiva de riffs rápidos, melodías de guitarra y un estribillo de grandes dimensiones. El tratamiento vocal vuelve a apoyarse en el contraste entre las dos voces, mientras que los coros refuerzan el carácter épico. 

“Silencio” supone uno de los cambios más interesantes del álbum. Después de la velocidad y la contundencia de “Pandora”, Dünedain reduce la intensidad y deja más espacio para la expresión emocional. No es una balada convencional en el sentido estricto, porque las guitarras continúan teniendo una presencia importante, pero sí estamos ante uno de los momentos más pausados y sentimentales de Érase. Aquí las voces adquieren un protagonismo extraordinario y especialmente Nano puede desarrollar una interpretación más expresiva, mientras Tony aporta sus correspondientes matices y apoyos. La canción crece progresivamente hasta alcanzar momentos de mayor intensidad, y esa dinámica permite que el solo de guitarra tenga un peso especial. El solo de “Silencio” es uno de los momentos instrumentales más destacados del álbum precisamente porque no se limita a exhibir técnica: está integrado en la atmósfera emocional del tema y funciona como una prolongación de la propia melodía vocal. 

“Hilo rojo” mantiene la vertiente más melódica del álbum, pero lo hace desde una perspectiva diferente. Aquí Dünedain apuesta por un medio tiempo de carácter luminoso y romántico, con una instrumentación menos agresiva y una mayor importancia de los arreglos vocales y los coros. El título hace referencia a la conocida leyenda del hilo rojo del destino, una idea relacionada con la unión inevitable entre determinadas personas, y esa temática encuentra correspondencia en una música que transmite una sensación más cálida que la de los cortes anteriores. Las guitarras continúan presentes, pero no buscan imponerse constantemente; funcionan más como un elemento de acompañamiento y construcción atmosférica. La batería también adopta un comportamiento más contenido, dejando que la canción respire. En los estribillos, los coros amplían la sensación de grandiosidad y vuelven a demostrar que una de las grandes fortalezas de Dünedain está en su capacidad para transformar una melodía sencilla en un momento épico. 

A continuación llega “La herida”, y aquí Dünedain vuelve a pisar el acelerador. La canción recupera los riffs de heavy metal y una batería mucho más contundente, creando un contraste muy eficaz con el carácter más reposado de “Hilo rojo”. Una de las virtudes principales del tema es precisamente esa capacidad para generar movimiento. La guitarra rítmica proporciona una base muy sólida mientras la batería empuja la canción hacia delante y las voces recuperan una interpretación más poderosa. Los cambios entre las diferentes partes están pensados para generar expectación y hacer que el estribillo llegue con mayor impacto. “La herida” posee además una de esas estructuras que parecen concebidas pensando en el escenario: el riff puede ser fácilmente identificado, el estribillo permite la participación del público y los momentos instrumentales ofrecen espacio suficiente para que la banda muestre su capacidad técnica. 

“Fénix” ocupa el octavo lugar y se presenta como uno de los grandes momentos del disco. No es casual que fuera uno de los primeros adelantos: reúne prácticamente todos los elementos que pueden identificarse con Dünedain en su vertiente más poderosa. El propio concepto del fénix, asociado tradicionalmente a la caída, la muerte simbólica y el renacimiento, encaja muy bien con el contexto de una banda que regresaba al estudio después de varios años sin publicar un nuevo trabajo. Musicalmente, la canción comienza de manera más contenida para ir adquiriendo progresivamente mayor fuerza, hasta desembocar en una estructura plenamente power metal. Las guitarras adquieren velocidad, la batería empuja con intensidad y los coros contribuyen a construir una sensación épica. El intercambio vocal entre Nano y Tony vuelve a funcionar de manera especialmente efectiva, porque permite que la canción tenga diferentes niveles de intensidad. Cuando uno de los vocalistas toma el protagonismo, el otro puede reforzar la melodía o aportar los coros, creando una sensación de amplitud. El tramo instrumental final también resulta significativo, ya que permite que las guitarras ocupen el centro del escenario y que la canción termine con una auténtica exhibición de power metal melódico. 

El álbum termina con “Némesis”, una elección que rompe parcialmente con lo que podría esperarse de un cierre convencional de power metal. Después de la fuerza de “La herida” y especialmente de “Fénix”, Dünedain opta por cerrar el viaje con una canción más breve, de tres minutos y medio, y de carácter mucho más dramático e introspectivo. Las guitarras pierden parte del protagonismo agresivo que habían tenido en los cortes anteriores y aparecen elementos atmosféricos que contribuyen a generar una sensación más cinematográfica. La voz de Nano introduce una cierta incertidumbre y un tono más oscuro, mientras los arreglos y los teclados aportan una dimensión romántica que se aleja del power metal más tradicional. “Némesis” funciona así como una especie de epílogo. No pretende superar la energía de “Fénix”, sino cambiar completamente el registro para dejar al oyente en un estado de ánimo diferente. Esta decisión puede generar opiniones distintas: hay quien puede echar de menos un último golpe de fuerza que cierre el disco de manera explosiva, mientras que otros pueden valorar precisamente que la banda prefiera terminar desde una perspectiva más emocional. 

Una de las principales características que se desprenden de esta escucha canción a canción es que Dünedain no ha pretendido convertir Érase en un ejercicio de experimentación. La banda sabe perfectamente qué elementos forman parte de su identidad y los utiliza de manera consciente.  También resulta fundamental el trabajo conjunto de las dos voces. Tony Delgado y Nano no están utilizados simplemente como dos cantantes que se alternan, sino como un recurso compositivo. El contraste entre sus registros permite ampliar los estribillos y dotar de mayor dinamismo a las estrofas. Cuando las guitarras aumentan su intensidad, las voces responden con mayor potencia; cuando la instrumentación se reduce, pueden aparecer matices más emocionales. 

En el apartado instrumental, las dos guitarras forman el verdadero eje de “Érase”. Mariano Sánchez y Tony Delgado construyen una combinación en la que los riffs rítmicos proporcionan contundencia y las guitarras solistas añaden melodía y virtuosismo. Miguel Arias desempeña igualmente un papel fundamental, especialmente en los cortes más power, donde el doble bombo y los cambios de ritmo proporcionan buena parte de la energía. Alberto Velasco completa una base rítmica que permite que las guitarras tengan libertad para moverse entre diferentes registros. La producción mantiene los instrumentos suficientemente definidos para que el oyente pueda apreciar tanto la contundencia del conjunto como los detalles de los arreglos.

Finalmente, Érase puede entenderse como un disco que resume bastante bien el recorrido de Dünedain hasta el momento. No es un trabajo que intente borrar lo anterior, sino una recuperación de diferentes elementos de su trayectoria y una puesta al día de su sonido. Hay ecos del Dünedain más melódico y accesible, momentos de power metal directo y composiciones donde la banda concede mayor espacio a la emoción. El resultado es un álbum que se escucha con facilidad como conjunto porque existe una identidad común entre sus nueve canciones. 

“Érase” es, por tanto, un regreso construido desde la continuidad. Dünedain no necesita demostrar que puede convertirse en otra banda porque su personalidad ya está suficientemente definida. Lo que hace aquí es recuperar sus principales virtudes y llevarlas a una producción contemporánea, con especial atención a las guitarras, las voces y los estribillos. El disco puede no suponer una revolución dentro de su trayectoria, algo que también han señalado algunas críticas, pero sí funciona como una reafirmación de su identidad. Y precisamente por eso, escuchado canción a canción, “Érase” se entiende mejor como un nuevo capítulo de una historia que comenzó hace décadas que como un intento de empezar desde cero: un álbum de heavy/power metal melódico en castellano que combina fuerza, épica, romanticismo y una evidente vocación de directo.

 

Nota: 8.5/10

Misfits Salenek 

Listado de temas:

  1. Oh yeah! – 3:35
  2. La misma canción – 4:33
  3. Érase – 5:04
  4. Pandora – 5:46
  5. Silencio – 5:32
  6. Hijo rojo – 5:17
  7. La herida – 4:02
  8. Fénix – 5:08
  9. Némesis – 3:30

DÜNEDAIN son:

Tony Delgado (guitarra voz) 

Carlos Sanz (Nano) (voz) 

Mariano (guitarra) 

Alberto P. Velasco (bajo)  

Miguel Arias (batería)

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