lunes, 5 de octubre de 2026

Crónica y fotos: GOD SAVE THE QUEEN en el Palacio de Congresos de Badajoz (18.09.2026)


Hay conciertos que terminan cuando se apagan las luces y hay otros que continúan viviendo en la memoria mucho después de que el último acorde haya dejado de sonar.

La noche del 18 de septiembre de 2026, el Palacio de Congresos de Badajoz fue escenario de uno de esos conciertos que trascienden la simple condición de espectáculo musical para convertirse en un viaje a través de los recuerdos, las emociones y las canciones que forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones. God Save The Queen, una de las formaciones tributo a Queen más reconocidas internacionalmente, llegó a Badajoz dentro de su gira europea de 2026 para rendir homenaje al universo musical y escénico de una banda irrepetible y, durante una noche, consiguió que el público volviera a sentir la fuerza, la teatralidad y la emoción de las grandes canciones de Queen, y aún más cuando nos llevó 40 años atrás, donde Queen realizo el histórico concierto el 12 de Julio de 1986 en Wembley, dentro de la gira del “Magic Tour”.

Desde los primeros compases de “One Vision” quedó claro que no iba a ser una noche cualquiera, iba a ser el recuerdo de Queen en cada movimiento de estos cuatro músicos, y con un arranque totalmente brutal, se podía apreciar que iba a ser una gran noche, donde si cerrabas los ojos podías llegar a sentir la inmensidad de Queen, en cada acorde, en cada nota, en cada golpe de batería … y por supuesto en la voz; la canción, poderosa y solemne, abrió el espectáculo como una declaración de intenciones y preparó el terreno para lo que vendría después. Apenas había tiempo para acomodarse cuando “Tie Your Mother Down” hizo que el rock se apoderara del escenario. 

La guitarra, la batería y la energía de la interpretación llevaron inmediatamente al público hacia ese territorio de Queen en el que la contundencia del rock convivía con una extraordinaria capacidad para convertir cada canción en un espectáculo. “In the Lap of the Gods” y “Seven Seas of Rhye” continuaron ampliando ese recorrido por la historia de la banda, antes de que “Tear It Up” volviera a elevar la intensidad y demostrara que el repertorio de Queen continúa conservando una fuerza extraordinaria cuando se interpreta ante un público entregado.

“A Kind of Magic” aportó entonces uno de esos momentos en los que una melodía reconocible desde las primeras notas es suficiente para provocar una reacción colectiva. El público comenzó a participar cada vez con mayor intensidad, y la distancia entre el escenario y las butacas parecía reducirse. Pero uno de los primeros grandes momentos de comunión llegó con “Ay-Oh”. El célebre juego vocal asociado para siempre a Freddie Mercury volvió a aparecer en el Palacio de Congresos, y la respuesta de los espectadores convirtió la sala en una enorme voz colectiva. No era solamente una canción: era un recuerdo compartido, una tradición que ha sobrevivido al paso de las décadas y que continúa funcionando con la misma eficacia.

El concierto siguió avanzando con “Under Pressure”, una de las composiciones más emblemáticas del repertorio de Queen, antes de que “Another One Bites the Dust” introdujera un cambio de ritmo marcado por su inconfundible línea de bajo a lo John Deacon (siendo esta noche Ezequien Tibaldo). La noche comenzaba a mostrar todas las caras de Queen, desde el rock más directo hasta las canciones capaces de crear una atmósfera mucho más íntima y emocional. Y fue precisamente ahí donde “Who Wants to Live Forever” abrió una de las páginas más conmovedoras del espectáculo, la canción adquirió en directo una dimensión especial.

Hablar de Queen es inevitablemente hablar también de la ausencia de Freddie Mercury, de una voz y una presencia que desaparecieron demasiado pronto, pero cuya huella permanece intacta. Escuchar aquella canción tantos años después producía una mezcla de nostalgia y emoción difícil de explicar con palabras. Y aún más cuando una mujer del público le presento una rosa a Pablo Padin (voz), la cual agarro sin dudar alguna, sosteniéndola mientras cantaba esta gran canción, que por supuesto fue el recuerdo hecho canción de Freddie Mercury.

“I Want to Break Free” devolvió después la sonrisa y la energía a la sala, el público reconoció desde el primer instante uno de los grandes himnos de Queen y respondió con entusiasmo, mientras el espectáculo recuperaba su carácter festivo. A continuación, llegó uno de los momentos reservados para la guitarra, con un solo que permitió detener durante unos minutos el torrente de canciones y centrar la atención en el instrumento que, asociado inevitablemente a Brian May (ejecutado por Daniel Marcos), forma parte de la identidad sonora de Queen. El silencio expectante del público dio paso después a “Now I'm Here”, que volvió a poner en primer plano la energía del rock y consiguió que el concierto recuperara toda su intensidad.

Pero si hubo un momento en el que el tiempo pareció detenerse, ese fue “Love of My Life”. La canción convirtió el Palacio de Congresos en un espacio mucho más íntimo. Las voces del público acompañaron la interpretación y durante unos minutos parecía que cada espectador estaba escuchando una canción diferente, vinculada a sus propios recuerdos. Esa es quizá una de las características de las grandes canciones: con el paso del tiempo dejan de pertenecer exclusivamente a quienes las escribieron y pasan a formar parte de la vida de quienes las escuchan. “Love of My Life” tiene precisamente esa capacidad de despertar recuerdos personales, de traer a la memoria rostros, lugares, personas y momentos que parecían olvidados. “Is This the World We Created…?” prolongó ese ambiente reflexivo y permitió que la emoción continuara ocupando el centro del escenario.

Después llegó un cambio de registro que volvió a demostrar la amplitud del espectáculo. “You're So Square (Baby I Don't Care)”, popularizada por Elvis Presley, introdujo el espíritu del rock and roll clásico, mientras “Mary Lou”, de Gene Pitney, y “Tutti Frutti”, de Little Richard, convirtieron la sala en una auténtica fiesta. El repertorio recordaba así que Queen no surgió de la nada, sino que también fue heredera de toda una tradición musical basada en el rock and roll, el espectáculo, la teatralidad y la capacidad de conectar con el público. Freddie Mercury conocía bien esa tradición y supo llevarla a un territorio completamente personal.

Y entonces llegó uno de los momentos más esperados de la noche: “Bohemian Rhapsody”. Las primeras notas fueron suficientes para que el público reconociera inmediatamente una de las canciones más importantes de la historia de Queen y del rock. Durante sus pasajes más delicados, la sala pareció contener la respiración. Después, la canción fue creciendo hasta alcanzar su dimensión operística y finalmente desembocar en el rock. Pocas composiciones han conseguido romper tantas reglas y permanecer tan presentes en la cultura popular durante tanto tiempo. En Badajoz, su interpretación volvió a demostrar por qué continúa siendo una pieza capaz de provocar asombro décadas después de su publicación.

El concierto entró entonces en su tramo final con “Hammer to Fall”, una descarga de rock que volvió a levantar la temperatura de la sala, seguida de “Crazy Little Thing Called Love”, que llevó al público de nuevo hacia el rock and roll más divertido y desenfadado. “Big Spender”, procedente del universo de Cy Coleman y del musical Sweet Charity, aportó otro inesperado giro teatral antes de que “Radio Ga Ga” devolviera al escenario uno de los himnos más reconocibles de la etapa de Queen de los años ochenta. Una vez más, el público se convirtió en protagonista, acompañando con las palmas uno de los gestos más reconocibles asociados a la canción. Y con esta canción, se despidieron brevemente, pero el público pedía más, y quería más … era la reacción esperada, en esta gran noche.

Y así, volvieron a salir a escena, cuando parecía que la noche ya había alcanzado su máxima intensidad, llegaron “We Will Rock You”, “Friends Will Be Friends” y “We Are the Champions”. Con “We Will Rock You” (Matias Albornoz en la batería), ya no quedaba prácticamente ningún espectador al margen. Tres golpes, una pausa y toda una sala siguiendo el ritmo. Es difícil encontrar una canción que convierta al público en parte tan evidente de la interpretación. Las palmas, los golpes de los pies y las voces hicieron que el Palacio de Congresos pareciera transformarse por unos minutos en un enorme estadio. “Friends Will Be Friends” añadió entonces una dimensión más emotiva, hablando de amistad, compañía y de esos vínculos que permanecen a pesar del paso del tiempo.

Y, como no podía ser de otra manera, “We Are the Champions” fue recibida como uno de los grandes momentos de la noche. El público cantó cada palabra y el escenario se convirtió en el centro de una celebración colectiva. Era una canción conocida por todos, pero aquella noche adquirió un significado especial. No se trataba únicamente de escuchar un himno de Queen; se trataba de compartirlo con cientos de personas que, durante unos minutos, parecían formar parte de una misma historia. Y así con la despedida a lo grande como Queen en Wembley, se despidieron de Badajoz, con corona en mano, y agradeciendo a todos el apoyo, la complicidad y la entrega del publico de Badajoz, que aun pedía un poco más, una última canción más, y después de esta despedida, … fue lo que ocurrió una última explosión de energía, “Don't Stop Me Now” puso el punto final al concierto. La elección resultaba especialmente simbólica. Después de recorrer buena parte del universo musical de Queen, terminar con una canción que habla precisamente de sentirse vivo, libre y dispuesto a disfrutar del momento parecía la manera perfecta de despedirse. El público respondió con entusiasmo mientras la música avanzaba hacia su desenlace y, durante los últimos minutos, el Palacio de Congresos volvió a convertirse en una gran fiesta.

Cuando finalmente llegaron los últimos acordes, quedó en el ambiente esa sensación tan particular que dejan los grandes conciertos: la mezcla de satisfacción y tristeza que aparece cuando una experiencia que parecía suspendida en el tiempo llega inevitablemente a su final. God Save The Queen no podía devolver a Freddie Mercury al escenario, ni reproducir exactamente lo que significaba contemplar a Queen en sus años de esplendor. Pero tampoco necesitaba hacerlo. El valor de un tributo como este está en mantener abiertas las puertas de la memoria, en conseguir que unas canciones escritas hace décadas sigan emocionando a quienes las escucharon por primera vez y también a quienes las descubren muchos años después.

Aquella noche, el público de Badajoz no asistió simplemente a una sucesión de canciones conocidas. Asistió a un viaje por una parte esencial de la historia del rock, cada canción fue aportando una pieza a un retrato musical que sigue estando extraordinariamente vivo.

Porque esa es, en definitiva, la fuerza de Queen. Sus canciones han sobrevivido a la época en la que fueron creadas y han conseguido instalarse en la memoria colectiva. Han pasado de padres a hijos, de discos a conciertos, de las radios a los grandes escenarios. Y cuando alguien vuelve a interpretarlas con pasión, vuelven a cobrar vida.

Al salir del Palacio de Congresos, quedaba la sensación de haber compartido algo más que un concierto. Durante unas horas, Badajoz había viajado hacia otro tiempo. Un tiempo de grandes voces, grandes guitarras y canciones concebidas para ser cantadas por miles de personas. Un tiempo en el que Freddie Mercury convirtió cada escenario en un acontecimiento.

La noche había terminado, pero las canciones seguían ahí.

Porque Queen se fue demasiado pronto, pero su música nunca aprendió a despedirse.

Y mientras alguien siga cantando, tocando una guitarra o golpeando el suelo al ritmo de “We Will Rock You”, y palmeando con “Radio Ga Ga”, y la explosiva “Bohemian Rhapsody” … aquella magia seguirá encontrando nuevos escenarios. Y en este caso de manera ejemplar, y totalmente estudiado y ejecutado a la perfección, con un grandísimo respeto a los cuatro de Queen, por estos cuatro grandes músicos de Rosario (Argentina); que como se comentó al principio, nos envolvió la nostalgia de ese concierto de Wembley de 1986; en donde tanto por el setlist, como por estos músicos, nos dejaron el recuerdo del legado de Queen, tanto en movimientos, como en escenografía (hasta la popular camiseta de Betty Boop sin mangas, que llevaba puesta Freddie Mercury en el concierto), realmente felicidades a God Save The Queen …. THE SHOW MUST GO ON!!!!!!

Crónica y fotos: Misfits Salenek 

Agradecimiento a Acepro Entertainment

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