Hay artistas que tienen canciones y artistas que tienen historia. Loquillo pertenece claramente a los segundos.
El rockero catalán regresó este sábado a Granada con su gira Corazones legendarios para clausurar la sexta edición de 1001 Músicas – CaixaBank. El Palacio de Deportes acogió así la última cita de un ciclo que desde julio ha recorrido diferentes escenarios de la ciudad con grandes figuras de la música nacional e internacional. Y lo hizo con un artista que, después de casi cinco décadas subiéndose a las tablas, continúa conservando intactos ese porte, esa personalidad y esa manera tan particular de entender el rock que lo han convertido en uno de los grandes nombres de la música española.El Loco no necesita reinventarse. Tampoco lo pretende. Fiel a su estilo, a su estética y a una identidad construida durante décadas, salió al escenario dispuesto a hacer lo que mejor sabe: rockear, interpretar y conseguir que varias generaciones compartieran durante unas horas una misma banda sonora. A sus espaldas lleva toda una vida de carretera, pero conserva algo que no se puede aprender: presencia. Ese caminar, esa actitud, esa elegancia chulesca y esa manera de plantarse delante del público siguen formando parte de su ADN. El cabello plateado es prácticamente la única pista evidente de que los años han pasado.
Las guitarras de Igor Paskual y Josu García, junto al bajo del granadino Alfonso Alcalá y la batería de Laurent Castagnet, pusieron en marcha la noche con En las calles de Madrid, una canción de 1984 escrita por Sabino Méndez como homenaje al Madrid de la época y convertida en uno de los clásicos de su etapa con Los Trogloditas. Pero de los ochenta saltó rápidamente al 2008 con Línea Clara marcando así lo que sería el devenir del concierto: temas imprescindibles de su discografía enlazados con otros menos conocidos, pero igualmente representativos de su trayectoria.
Tras las primeras composiciones apareció en el escenario Germán San Martín a los teclados para acompañar al barcelonés en la emblemática versión de El hombre de negro (Man in black), de Johnny Cash.
Y cuando la banda ya estaba al completo, Loquillo ofreció a la audiencia granadina una actuación de rock implacable, sin fisuras, sin concesiones, casi sin palabras. Estuvo, además, respaldado por una formación de auténtico lujo, con músicos de primer nivel que consiguieron arropar al cantante con un sonido potente, sólido y elegante. El ritmo del espectáculo fue perfecto, desde los cambios de guitarra hasta el momento en que los músicos bebían agua. Un engranaje melimetricamente engrasado.
Pero si el dandi del rock es una pieza fundamental de esa ingenieria, su formación no se quedó atrás. El artista tuvo la generosidad de dejarla brillar a lo largo del concierto, como en la icónica El Rompeolas, donde García protagonizó uno de los solos más destacados de la noche, o Memoria de jóvenes airados, con una intervención especialmente celebrada de Paskual.
Esa conexión con el público también se dejó sentir en el escenario. Loquillo tiene una capacidad particular para meterse a sus seguidores en el bolsillo. Sus acostumbrados pasos de baile, sus gestos desafiantes y esa actitud de chulo elegante aparecieron durante El último clásico, una canción que parece escrita para definir al propio José María Sanz. Porque él lo sabe y todos lo saben: el artista es uno de los últimos grandes clásicos del rock español.
Y es que sus fans fueron grandes protagonistas en un espectáculo que el cantante supo manejar como un auténtico maestro de ceremonias. Las voces de los asistentes acompañaron Rock and Roll Star, una de esos temas que hace tiempo dejaron de pertenecer únicamente a su intérprete para instalarse en el imaginario colectivo, mientras Carne para Linda volvió a poner de manifiesto la complicidad del músico con las primeras filas. Aunque uno de los momentos más festivos llegaba con Rey del glam, cuando el Loco consiguió que el recinto entero cantara junto a él.
La recta final quedó reservada para algunos de los grandes himnos de su carrera. La mataré, El ritmo del garaje y Feo, fuerte y formal se sucedieron en el último tramo de la actuación, con una buena dosis de nostalgia y actitud. Y con Cadillac solitario, como era de esperar, llegaba la despedida. Uno de esos clásicos que no necesitan presentación y que cerró el concierto con una última gran ovación.
Loquillo ponía así punto final a una noche de rock canalla de la vieja escuela, dejando patente que las leyendas no necesitan demostrar nada y que sus canciones siguen tan vivas como el primer día.
El ciclo 1001 Músicas – CaixaBank está organizado por Proexa y cuenta con CaixaBank como partner estratégico, con el patrocinio de Sabor Granada (Diputación de Granada), Ayuntamiento de Granada y Granada 2031, FCC, Alsa, Emasagra, Emucesa, doctortrece, Cervezas Alhambra, Royal Bliss, Hyundai y Ticketmaster, y con la participación de CREA SGR.
Fuente: PROEXA Producciones y 1001 Músicas
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