La banda española EXSILYUM que nace de la necesidad de hacer música, y de la necesidad de decir algo musicalmente. Con este proyecto encontramos a Solarys Rey y Akyles Guerrero, dos músicos con más de 25 años de experiencia profesional que, después de dedicar buena parte de su trayectoria a acompañar y trabajar para otros artistas, han decidido dar un paso al frente para contar su propia historia.
En 2026 llega su primer trabajo discográfico, “Aut Omnia Aut
Nihil” —“Todo o Nada”—, un álbum que funciona mucho más allá de una simple
carta de presentación. El disco reúne experiencias, emociones, pérdidas,
cambios, identidad, amor y supervivencia, convertidos en canciones que
transitan por diferentes intensidades y atmósferas. Un trabajo que ellos mismos
definen como “metal existencial”, donde la música se pone al servicio de
aquello que necesitan expresar.
“Aut Omnia Aut Nihil” es, en cierto modo, una declaración de
intenciones: después de tantos años en la música, Exsilyum decide apostar por
un proyecto propio sin medias tintas. Cada canción parece tener su propia
personalidad porque nace de una emoción o de una experiencia diferente, pero
todas forman parte de un mismo viaje.
Hoy hablamos con Solarys Rey y Akyles Guerrero para conocer
el origen de Exsilyum, descubrir qué hay detrás de “Aut Omnia Aut Nihil”,
hablar de la creación de sus canciones y entender qué significa para ellos
haber pasado de estar detrás de otros artistas a ponerse finalmente en el
centro de su propia historia.
Para celebrar este lanzamiento, nuestro compañero
MisfitsSalenek se pone manos a la obra, para lanzar unas preguntas a la banda.
*Muy buenas amigos, lo primero de todo es agradecer el
tiempo que nos dedicáis para esta entrevista.
Antes de nada, muchísimas
gracias a vosotros por abrirnos este espacio, por dedicar tiempo a escuchar el
disco y, sobre todo, por permitirnos hablar de música con calma. En una época
en la que todo sucede tan deprisa, poder detenerse a conversar sobre un álbum,
sobre las canciones y sobre lo que hay detrás de ellas es algo que valoramos
muchísimo. Así que gracias de corazón.
Para empezar desde el
principio: ¿Cuándo aparece realmente EXSILYUM? ¿Hubo un momento concreto en el
que Solarys y Akyles dijisteis “ahora sí, vamos a crear nuestra propia banda”?
Akyles: Sí, aunque curiosamente
no fue uno de esos momentos cinematográficos en los que dos personas se sientan
frente a frente y dicen: “vamos a montar una banda”. Fue algo bastante más
orgánico.
Llevábamos toda una vida
dedicándonos profesionalmente a la música, trabajando para otros artistas,
participando en proyectos, acompañando a músicos, produciendo, enseñando… La
música siempre había sido nuestra profesión y nuestra forma de vida, pero nuestra
propia historia seguía esperando.
Y hubo un acontecimiento
personal muy importante, la pérdida inesperada de una persona muy querida, que
nos dio una de esas sacudidas que de vez en cuando te da la vida. Te recuerda
algo bastante obvio pero que olvidamos con demasiada facilidad: tenemos fecha
de caducidad y no sabemos cuál es.
Solarys: Ahí apareció la
pregunta: “¿Qué estamos esperando?”.
Empezamos simplemente haciendo
música. Una canción llevó a otra, después llegó otra… y en algún momento
comprendimos que aquello ya no era un experimento. Había aparecido EXSILYUM.
Y decidimos que, después de
tantos años, si íbamos a hacerlo sería de verdad. Sin medias tintas.
Antes de ser EXSILYUM,
¿Cómo eran Solarys y Akyles como músicos? ¿Qué experiencias anteriores
consideráis fundamentales para entender la banda que sois hoy?
En realidad, EXSILYUM no se
podría entender sin todo lo anterior.
Los dos llevamos más de
veinticinco años dedicándonos profesionalmente a la música. Hemos sido músicos
de sesión, hemos trabajado en directo y en estudio, hemos acompañado proyectos
y artistas muy diferentes y además llevamos muchos años dedicados a la enseñanza.
Eso te proporciona algo que no
se aprende únicamente estudiando armonía, técnica o producción: oficio.
Haber trabajado con músicas muy
diferentes también nos ha quitado muchos prejuicios. Podemos disfrutar de una
producción de metal contemporáneo, de una gran canción de pop, de música
clásica, electrónica, flamenco o de una buena banda sonora sin preguntarnos
primero en qué estantería habría que colocarla.
Creemos que esa trayectoria
explica bastante bien por qué Aut Omnia Aut Nihil es un disco tan heterogéneo.
No sentimos la obligación de
demostrar que somos “lo suficientemente metal”. Nuestra preocupación es otra:
que la canción funcione, que emocione y que diga exactamente aquello que
queremos contar.
Todo empezó con unas
audiciones para un proyecto relacionado con Madonna. ¿Qué impresión os
llevasteis el uno del otro en aquel momento y cómo fue evolucionando esa
primera colaboración hasta convertirse en tantos años de música compartida?
Solarys: Sí. Tenemos que
reconocer que, de alguna manera, Madonna tiene parte de culpa en todo esto.
(Risas).
Yo estaba preparando un
espectáculo homenaje a Madonna y necesitaba batería. Organicé unas audiciones
en Sevilla porque no terminaba de encontrar a la persona adecuada.
Apareció Akyles, empezó a tocar
y yo iba siguiendo mentalmente todos los arreglos. Cuando terminó pensé: “Ya
está. Se acabó la audición. Ya tengo batería”.
Y así fue.
Lo que comenzó como una relación
estrictamente profesional fue convirtiéndose en muchísimos años de música
compartida.
Akyles: Y cuando llevas tanto
tiempo trabajando con alguien ocurre algo muy bonito: llega un momento en el
que prácticamente no necesitas hablar.
Conoces sus fortalezas, sabes
hacia dónde puede llevar una idea, cuándo insistir, cuándo dejar espacio y
cuándo una canción todavía necesita algo aunque ninguno de los dos sepa
explicar exactamente qué.
EXSILYUM probablemente
necesitaba todos esos años anteriores para poder existir de esta manera.
El nombre EXSILYUM tiene
una sonoridad muy particular. ¿Qué significa para vosotros y qué queríais
transmitir cuando decidisteis bautizar así el proyecto?
El nombre parte de exilium,
exilio en latín.
Durante muchos años hemos tenido
la sensación de vivir un poco “exiliados” de la vida convencional precisamente
por nuestra profesión.
Cuando la mayoría de la gente
descansa, nosotros trabajamos. Fines de semana, fiestas, cumpleaños,
vacaciones, celebraciones… forman parte habitualmente de nuestro calendario
laboral. Y cuando llega nuestro día libre posiblemente sea un martes cualquiera
en el que todo el mundo está trabajando. (Risas).
Es un pequeño precio que pagas
cuando eliges dedicar tu vida a algo que amas.
Nos gustaba esa idea del exilio
porque además tiene muchas lecturas: el exilio exterior, pero también el
emocional, el sentirse fuera de lugar, la búsqueda de identidad…
Después lo llevamos a nuestra
propia grafía: EXSILYUM.
Incluso nuestra simbología parte
de esa dualidad. El eclipse representa de alguna manera la unión de nuestros
dos mundos: luz y oscuridad, Solarys y Akyles, elementos aparentemente opuestos
que al encontrarse generan otra cosa.
EXSILYUM puede moverse
entre metal moderno, pasajes más clásicos, momentos atmosféricos e incluso
canciones mucho más desnudas. ¿Buscáis deliberadamente esa variedad o
simplemente dejáis que cada canción os lleve donde necesita?
Completamente lo segundo.
Jamás empezamos una canción
diciendo: “Ahora necesitamos un tema metalcore” o “nos falta una balada”.
Para nosotros la música está al
servicio de la historia.
Normalmente comenzamos por
aquello que queremos contar. Trabajamos mucho el texto, qué significa
realmente, qué emoción hay detrás y qué queremos provocar. A partir de ahí
aparece la música.
Hay historias que necesitan
violencia sonora y otras que prácticamente te piden que apartes todos los
instrumentos y dejes una voz junto a un piano.
¿Por qué impedirlo?
La vida tampoco pertenece a un
único género musical. Un día sentimos rabia, otro miedo, deseo, amor, pérdida,
esperanza…
Por eso empezamos a utilizar la
expresión “metal existencial”. No pretendemos inventar un nuevo subgénero. Es
simplemente nuestra forma de explicar que utilizamos el metal como vehículo
para hablar de conflictos profundamente humanos.
Llegamos al gran
protagonista: “Aut Omnia Aut Nihil”, “Todo o Nada”. Lo primero de todo es
felicitaros por este trabajo. ¿En qué momento supisteis que ese tenía que ser
el título del álbum?
Muchas gracias.
Realmente el título terminó
encontrándonos a nosotros.
Aut Omnia Aut Nihil significa
“Todo o Nada”, y cuando observamos lo que estábamos haciendo comprendimos que
definía perfectamente el momento vital en el que había nacido EXSILYUM.
Después de tantos años
dedicándonos profesionalmente a la música, no tenía ningún sentido iniciar
nuestro proyecto propio a medias.
No sabemos adónde nos llevará
EXSILYUM. Nadie puede saberlo. Pero sí podemos decidir cuánto estamos
dispuestos a entregar para intentarlo.
Para medias tintas ya no tenemos
edad. (Risas).
Y no lo entendemos desde una
perspectiva temeraria o grandilocuente, sino como una actitud ante la vida: si
algo verdaderamente importa, merece que uno se comprometa con ello.
Por eso terminó siendo primero
una canción, después el título del álbum y finalmente casi una declaración de
principios de la banda.
Hay pérdida, amor,
identidad, rabia, cambios, supervivencia… ¿Fue difícil convertir experiencias
personales en canciones y después permitir que esas canciones fueran escuchadas
por todo el mundo?
Sí. Muchísimo más de lo que
imaginábamos.
Una cosa es escribir algo en la
intimidad de tu casa y otra muy diferente saber que en algún momento alguien al
que no conoces va a entrar en esa habitación emocional.
La mayoría de las canciones
parten de experiencias reales. Algunas pertenecen especialmente a Solarys,
otras son compartidas y otras nacen de personas o situaciones que han formado
parte de nuestras vidas.
Solarys: Probablemente el caso
más duro para mí sea Y Ahora Qué?, porque está relacionada con la pérdida de mi
padre.
Durante la grabación hubo
momentos en los que sencillamente no podía continuar cantando.
Y ahí aprendimos algo
importante: hay canciones en las que la emoción es mucho más valiosa que la
perfección.
Después ocurre algo precioso.
Publicas una experiencia que creías completamente tuya y empiezan a escribirte
personas diciendo: “Yo también he vivido esto”.
Entonces la canción deja de
pertenecerte exclusivamente.
Quizás ahí está una de las
razones más hermosas para hacer música.
El álbum no parece estar
concebido como un disco conceptual clásico, pero sí existe una evolución
emocional. ¿Cómo decidisteis el orden definitivo de las canciones? ¿Y qué nos
contáis de sus canciones?
No nació como un disco
conceptual.
De hecho, al principio ni
siquiera sabíamos que estábamos escribiendo un álbum. Las canciones fueron
apareciendo y, cuando empezamos a observarlas juntas, descubrimos que
compartían un hilo emocional.
Entonces sí comenzamos a pensar
el orden como un viaje.
Por eso defendemos mucho
escuchar el álbum completo y en el orden en el que está publicado.
Aut Omnia Aut Nihil abre casi
como una declaración de principios. Después aparecen canciones más contundentes
como Herencia de Silencio o Conflicto, el disco empieza a abrir espacios con La
Espera, vuelve a golpear con Mentira y justo en el centro aparece Y Ahora Qué?,
que prácticamente detiene todo.
A partir de ahí comienza otra
parte del recorrido. Llegan Fuego Bajo la Piel, El Amor También Se Rompe,
Clarividencia, Absentia… hasta desembocar en la intensidad de Ríndeme y
finalmente en Caer.
Nos interesaba mucho esa
sensación de dinámica: tensión, silencio, belleza, violencia, oscuridad, luz…
Porque emocionalmente somos
exactamente eso: contradicción.
Quizá por ello algunas personas
nos han dicho que es un disco que necesitan escuchar varias veces. Y para
nosotros eso es un regalo maravilloso.
Y la pregunta inevitable:
ante las canciones descartadas del álbum, ¿Hay alguna que hoy penséis que quizá
merecía haber formado parte del disco?
(Risas). El problema es que no
hablamos de tres o cuatro.
Durante todo el proceso quedaron
fuera más de treinta canciones.
Pero no solemos utilizar
demasiado la palabra “descartadas”. Preferimos pensar que son canciones que no
pertenecían a este momento.
Algunas estaban muy cerca de
entrar. Otras necesitaban seguir evolucionando. Y otras simplemente no
encontraban su sitio dentro del recorrido emocional que terminó siendo Aut
Omnia Aut Nihil.
Seguramente muchas regresarán.
Tenemos muchísimo material y,
además, seguimos componiendo. Pero una de las cosas que hemos aprendido
haciendo este primer álbum es a respetar los tiempos de las canciones.
No queremos publicar algo
simplemente porque exista.
Cuando una canción vuelva será
porque haya llegado su momento.
Si alguien os dijera que
solo tiene tiempo para escuchar una canción de “Aut Omnia Aut Nihil” y que os
quiere conocer con una sola canción, ¿Cuál escogeríais para abrirle la puerta
al universo de EXSILYUM?
Nos estáis haciendo trampa.
(Risas).
Siempre decimos que una sola
canción no puede explicar EXSILYUM porque precisamente una de las
características del disco es que cada tema muestra un rostro diferente.
Mentira fue nuestra primera
carta de presentación porque es directa, contundente, tiene un estribillo muy
reconocible y servía perfectamente para llamar a la puerta.
Pero si ahora nos obligáis a
elegir una sola para comprender el universo de EXSILYUM, probablemente
escogeríamos Aut Omnia Aut Nihil.
Tiene contundencia, melodía,
cambios, atmósfera, épica y resume muy bien esa búsqueda de contrastes que
atraviesa el proyecto.
Después intentaríamos convencer a esa persona para que encontrase cincuenta minutos más y escuchase el disco entero. (Risas).
Sobre la creación del disco, habéis cuidado muchísimo el proceso de producción. ¿Qué queríais conseguir sonoramente con “Aut Omnia Aut Nihil”?
Queríamos que sonara actual, grande y profundamente emocional.
Venimos de escuchar durante toda nuestra vida a bandas como Iron Maiden, Judas Priest o Metallica, pero cuando empezamos a definir la producción sabíamos que no queríamos hacer un disco que sonara a hace treinta años.
Estudiamos muchísimo.
Escuchamos producciones de bandas contemporáneas como Spiritbox, Tesseract, Architects o In This Moment, no para imitarlas, sino para entender cómo estaban construyendo ese lenguaje sonoro.
Y al mismo tiempo podíamos utilizar como referencia una producción vocal de Adele si encontrábamos ahí una textura o una profundidad que nos interesaba.
Eso resume bastante bien nuestra filosofía: aprender de cualquier sitio.
Buscábamos guitarras y baterías con muchísimo peso, pero también espacio. Que las orquestaciones, sintetizadores, pianos, cuerdas o elementos electrónicos pudieran respirar. Y especialmente queríamos que la voz conservara humanidad y dinámica.
No queríamos hacer un “muro de sonido” permanente.
La contundencia funciona mucho mejor cuando también existe el silencio.
Otro dato significativo del disco son las colaboraciones de Anthony Castle y José Pardial. ¿Qué tal fue trabajar con ellos?
Son dos colaboraciones muy diferentes y precisamente por eso las dos son muy especiales.
La historia con José Pardial comenzó después de un concierto de Avalanch en Córdoba. Solarys felicitó a la banda por el concierto, José respondió y comenzó una conversación muy cercana. Él fue conociendo nuestro trabajo y apareció de una manera muy natural la posibilidad de hacer algo juntos.
Inicialmente incluso habíamos pensado en otra canción, pero cuando nació Conflicto entendimos inmediatamente que aquella era la adecuada.
No queríamos colocar una colaboración simplemente para poder escribir un nombre en los créditos. Queríamos que tuviera una función artística.
Y José entendió perfectamente la canción. Su voz frente a la de Solarys genera precisamente ese enfrentamiento, ese diálogo casi convertido en duelo que necesitaba Conflicto. Trabajar con él fue realmente fácil y muy enriquecedor.
Con Anthony Castle la historia pertenece a un espacio mucho más íntimo porque Anthony es hijo de Solarys.
Y Ahora Qué? tiene una carga familiar enorme y, cuando apareció la canción, entendimos que su participación tenía todo el sentido del mundo.
Ahí no existe una colaboración “de invitado”. Existe una historia compartida.
Y eso se escucha.
Son dos participaciones completamente diferentes, pero ambas tienen algo en común: están ahí porque la canción las necesitaba.
Para ir terminando esta amena entrevista, para todos nuestros lectores y para todas esas personas que os conozcan por primera vez y escuchen vuestra música, ¿Qué les podéis comentar sobre EXSILYUM?
Que se acerquen sin demasiadas ideas preconcebidas.
No necesitamos que nadie decida primero si hacemos metal moderno, alternativo, sinfónico, progresivo o cualquiera de las muchas etiquetas que sirven para orientarnos.
Que escuchen.
EXSILYUM son dos músicos que, después de toda una vida dedicados a ayudar a otros artistas a contar sus historias, decidieron que había llegado el momento de contar la suya.
Pero paradójicamente esperamos que esas historias terminen siendo también las de otras personas.
Porque detrás de una guitarra afinada grave, una orquestación, un piano o una batería hay cosas mucho más sencillas: miedo, amor, pérdida, rabia, identidad, familia, deseo, fracaso, esperanza…
Cosas humanas.
Si alguien escucha una canción nuestra y durante cinco minutos siente que aquello también podría estar hablando de su propia vida, para nosotros ya habrá sucedido algo extraordinario.
Y si decide quedarse para acompañarnos en lo que venga después, estaremos profundamente agradecidos.
Esto acaba de empezar.
Y por último, nos gustaría que mandarais un saludo a todos los lectores de El Templario del Metal.
Por supuesto.
A todos los lectores y amigos de El Templario del Metal, muchísimas gracias por dedicarnos vuestro tiempo, que probablemente sea una de las cosas más valiosas que podemos ofrecerle a alguien.
Gracias por seguir escuchando música, por descubrir bandas, por asistir a conciertos y, especialmente, por mantener vivos medios que todavía reservan un espacio para hablar de rock y metal con pasión.
Y muchísimas gracias a todo el equipo de El Templario del Metal por tratarnos con tanto cariño y permitirnos contar un poquito mejor quiénes somos y qué hay detrás de Aut Omnia Aut Nihil.
Esperamos encontrarnos muy pronto también delante de un escenario.
Un abrazo enorme de parte de Solarys Rey, Akyles Guerrero y toda la familia EXSILYUM.
Aut omnia, aut nihil.
Todo o nada.



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